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Naturaleza y arte románico en la montaña palentina

Para Ana Revilla, nuestra socia y generosa anfitriona en Santa María de Nava, su pueblo natal, con nuestra gratitud por una estancia inolvidable y magnífica.

Salimos ni más ni menos que 18 socios del IAN el viernes día 14 de junio al atardecer rumbo al pueblecito de Santa María de Nava, de la Merindad de Aguilar de Campoo, en Palencia, para disfrutar allí de un fin de semana multidisciplinar para socios, convocado por Brian y con la esmeradísima organización de Ana Revilla, que es de allí, tiene casa y se conoce la zona al dedillo, haciéndonos de guía y arreglando el alojamiento entre su casa y la casa rural de Marisa, allí mismo, en un entorno de ensueño, así como algunas comidas, en uno de los alojamientos, La Posada del Santuario del Carmen, que dispone de restaurante, posición dominante en lo alto del pueblo y de gran belleza. Santa María de Nava tiene siete almas fijas y todas estas facilidades para los visitantes de la zona.

Fuimos llegando, distribuidos en diferentes vehículos, en etapas horarias, ya que algunos se adelantaron a ayudar a Ana preparar una cena de bienvenida en su casa, y otros llegamos en el último turno tras el trabajo en el Cherokee verde de Pello, aún con luz.

Ya el descenso del coche fue emocionante al encontrarnos a algo más de mil metros de altitud en un pueblecito precioso, de una pieza, con casas de piedra, que se fundían con el terreno por su color parecido, varios nidos de cigüeña con cigoñinos siendo alimentados constantemente por su padres, al lado de nuestra casa y a la altura de los ojos, un aire puro y una luz maravillosa, en un valle verde y envolvente. Se respiraba una paz alegrada por todos nuestros compañeros, que nos esperaban, y una de esas casas era la nuestra, donde dejamos los equipajes y fuimos a dar un paseo hasta La posada del Santuario del Carmen, un poco más elevada y apartada que la nuestra y donde se alojaban los cuatro que nos faltaban en la plaza del pueblo. Fuimos a verlos y recogerlos para cenar todos juntos en la casa de Ana, al lado de la nuestra. El paseo de diez minutos, lleno de flores y aire puro, nos encantó a todos, y nos permitió a los recién llegados estirar las piernas y apercibirnos de donde estábamos. También de irnos conociendo, ya que había algunos socios nuevos, con los no habíamos hecho antes excursiones de este tipo y con los que disfrutamos de un intensa vida social y naturalista, y al partir éramos ya íntimos. La cena de picoteo en casa de Ana no hizo sentirnos a todos como en casa, relajados y felices, de vacaciones entre amigos.

El sábado, tras desayunar cada uno en su casa, vimos algunos salir a un pastor de la suya, con vacas y perros, apostados al lado de otra que es la iglesia del pueblo. Era el día que salíamos todos con nuestra propia comida en la mochila para acercarnos a El Golobar, a 8 kilómetros de Santa María, y desde allí ascender al pico Valdecebollas, de 2.139 metros de altura, por un camino fácil que no tiene pérdida, y lleno de interés paisajístico y botánico.

Tras pasar por el antiguo pueblo minero de Barruelo de Santullán, y por el de Brañosera, considerado éste el primer ayuntamiento de España, cuando en el año 824, y formando entonces parte del Reino de Asturias, se le otorgó la primera carta puebla, llegamos al lugar donde dejar los coches, también conocido como El Refugio, por la ruina de un Parador Nacional que tras ser construido, nunca se estrenó; había en ese momento mucha niebla, que Ana auguró que probablemente levantaría, y no hacía ni mucho frío ni viento. Ante el panorama de la niebla y la incertidumbre, se hicieron dos grupos, uno para subir con Pello y los del Herbario digital, siguiendo el camino y un precioso arroyo de montaña, y otro, capitaneado por Ana, que se fue a ver pueblos y románico, por los alrededores.

Cuando nos volvimos a reunir en ese lugar a primeras hora de la tarde, los del grupo de Ana contaron que habían estado en Brañosera, Barruelo de Santullán , Salcedillo y Revilla de Santullán. Las ermitas románicas de estos dos últimos pueblos eran las que más recomendaban.

La ascensión al Valdecebollas fue preciosa, entre el amarillo del piornal en flor donde comenzamos la marcha cuesta arriba, con los brezos rosas y blancos en flor, y un arroyo lleno de ranúnculos y flora palentina que ya podéis consultar en el Herbario. Enseguida apareció un gran rebaño de ovejas algo grisáceas, recién esquiladas. Nos fascinaron las flores de alta montaña, la Viola palentina, las Gentiana verna, con su azul genciana, entre otras muchas, y cuando apareció en las alturas Androsace cantabrica, con sus almohadillas de flores rosa, Pello dijo que era una maravilla de planta, y una de las que buscábamos. Félix iba fotografiando los líquenes, que también figuran ya en el herbario. La niebla fue adelgazando rápidamente hasta desaparecer del todo, y pudimos ver paisajes de montes imponentes abrazados de nubes. Íbamos felices, claro, parándonos en todas las plantas de interés, que para algunos eran casi todas.

Al llegar a la cumbre, que temíamos fría y ventosa, se estaba muy bien a esa hora, así que comimos allí mismo rápidamente, ya que ante la mejora del tiempo, Pello decidió bajar por un bosque del que tenía mapa y citas interesantes de la flora palentina de montaña con la idea de llegar andando hasta el pueblo de Brallosera, dando así otro paseo interesante y único, que se preveía largo. Casi todos decidieron seguirle, pero Félix y yo bajamos tranquilamente por el mismo camino con idea de llevar el coche de Pello a Brallosera y esperarles allí. Donde habíamos dejado el coche de Pello estaban los demás, del grupo de Ana, y algunos subieron a explorar un rato por el piornal del Valdecebollas. Luego, nos separamos, ya que ellos siguieron con las rutas del románico cercano y quedamos en vernos en La posada a cenar, en nuestro pueblo. Félix y yo nos dirigimos a Brallosera pero como disponíamos de mucho tiempo hasta volver a ver al grupo de los montañeros nos recomendaron que por el camino parasemos en alguno de los pueblos con bonita iglesia románica, que nos quedaban de camino. A ellos les había gustado mucho la de Salcedillo, allí cerca.

Salcedillo resultó ser un pueblo precioso y sin estropear, con río y tranquilo, tradicional de la zona, con un bar con terraza estupendo, donde descansamos primero, y luego admiramos la iglesia, cerrada a cal y canto, ya que no había un alma, y el señor del bar dijo que sólo se habría para la misa. Luego, nos acercamos a Brallosera, que nos dio tiempo a explorar durante horas, hasta que regresaron los del grupo de Pello, cansados de andar y perderse por esos bosques pero felices de la ruta y su belleza. Ya nos tenían preocupados a Félix y a mí porque era casi la hora de cenar, pero respiramos con alivio al verlos llegar sanos y salvos, de un lugar donde no había cobertura. Unos fieras. La cena fue estupenda en La posada del Santuario del Carmen, y luego, a dormir tras un precioso día primaveral.
El domingo llegaron el verano y sus calores a la montaña palentina. Había otras dos opciones que nos permitieron separarnos de nuevo hasta la comida de despedida en la Posada del Santuario. Yo me adherí junto casi a la mitad del grupo al paseo capitaneado por Brian desde nuestra casa a la ermita románica de Matabuena, que se veía desde nuestro pueblo, en un alto. Casi todos los montañeros de la jornada anterior se fueron con Ana a hacer la senda de Ursi por la montaña palentina, de la que volvieron fascinados, cansados y prometiéndose hacerla entera en otra ocasión, porque tuvieron que abreviar y atajar para llegar a tiempo a la comida.

Matabuena se llama así porque sus hierbas, sus matas, son consideradas mejores que las de otros pueblos de la zona.

El paseo de nuestro pueblo hasta allí no podría ser más idílico y campestre. Cantaban la alondra y el ruiseñor, además de la curruca zarcera, y tuvimos ocasión de ver un alcaudón dorsirojizo, pájaro cazador posado en una valla, y en el suelo, un alacrán. Olía a flores e hierbas, había mariposas y un abrevadero donde cantaban 5 machos de rana común, que logramos ver en el viaje de vuelta, ya todo cuesta abajo.

La iglesia de San Roque, en un alto a 1.050 metros de altitud, tenía vistas magníficas todo alrededor y se divisaba nuestro pueblo, Santa María de Nava, y encima el de Porquerizo, y otros muchos en otras direcciones. Nos podíamos hacer una idea de las localidades de la zona. El alcalde pedáneo de Matabuena, Mariano Lobo, de Valladolid, joven y culto, nos abrió y explicó la iglesia, nos acompañó dentro y fuera todo alrededor, respondiendo a nuestras preguntas. Habló mucho con Luis de arquitectura y de Valladolid y nos dejó muy buen recuerdo. Tras salir volando una abubilla de las trasera de la iglesia nos contó que ese año habían criado cinco parejas.

Llegamos a comer mucho menos cansados que el otro grupo, como es lógico, y nos reunimos en la explanada de piedra del santuario, donde también hay un terraza del bar, y se celebraba un bautizo. La iglesia estaba abierta, mientras salían con un bebé en brazos, y pude echarle una ojeada. Y es que aunque yo pensaba que el santuario era ahora un posada con restaurante y jardín, seguía también siendo el santuario del Carmen de toda la vida, nuevo para nosotros, que lo habíamos usado sólo como hospedaje y restaurante. Todo un logro. Para los lugareños era también su centro social. De pronto, los del bautizo se fueron y la gente sentada en el pórtico sobre la piedra, bajo las columnas, como estatuas de santos esculpidas allí, muy sonrientes y estéticos, éramos nosotros, y lo poblábamos todos. Yo miraba a Alfonso y veía a S. Pedro apóstol. Estaban todos allí, los otros 18, y se habían colocado espontáneamente alrededor en e, pórtico, con una elegancia artística, y daba gusto mirarles, tan relajados, sonrientes y conocidos. Hubo un momento mágico y para el recuerdo, justo antes de levantarnos todos a una y acercarnos lentamente al comedor para nuestra última cita allí, como si no hubiera un mañana y no tuviésemos que volver a casa ese mismo día.

Luego, tras despedirnos de Marisa, la dueña valenciana de nuestra casa rural, y recoger el equipaje, Ana nos acompañó hasta Aguilar de Campoo en nuestra ruta de regreso, y dimos un paseo por el río Pisuerga, tras atravesar la plaza mayor donde se celebraba una exposición de coches de época, hasta el famoso monasterio del pueblo, bajo un sol de justicia y con la tripa llena. Allí algunos esperaron para visitarlo pero llegaron muy tarde a casa, y otros nos despedimos y separamos ya que algún coche necesitaba llegar antes de la noche cerrada, como era nuestra caso. Al llegar a Vitoria a las ocho de la tarde y pasando por la ciudad jardín, abarrotada de gente y tráfico, echábamos de menos la paz de Santa María de Nava y la montaña palentina. Ha pasado ya una semana y yo aún no me he acostumbrado. Por algo será.

Fotos: Carolina Larrosa

Taller de Plantas Medicinales y Cosmética Natural

El sábado 18 y domingo 19 de Mayo de 2.019, desarrollamos en la sede del Instituto Alavés de la Naturaleza (IAN) la actividad: Taller de Plantas Medicinales y cosmética natural, con la asistencia de 18 personas.

Comenzamos el sábado con entrega de un pequeño librito con indicaciones precisas de elaboración de productos terapéuticos y cosméticos que luego abordaríamos en la parte práctica.

Se inicia el taller con una pequeña presentación digital a cargo de Ángel, en la que describimos los objetivos del grupo de trabajo -de reciente creación- así como las características principales de este tipo de plantas maestras con función terapéutica y cosmética.

Presentamos fotografías de plantas medicinales de nuestro entorno, con referencia fotográfica en el Herbario digital Xabier de Arizaga, con la pretensión añadida de divulgar las bondades del mismo.

Asimismo se añadió documentación de una anterior visita guiada realizada por Antonio González (Angon) y Marijose Bandrés; hace unos años. Complementando con datos actualizados y adaptados a los objetivos del taller.

Alfonso iba complementando la exposición con detalles muy interesantes sobre protección y respeto hacia estas plantas, a veces muy codiciadas, y esquilmadas.

Pasamos a la parte práctica a cargo de Marijose, Anabel, Pedro, Encarni y Ángel; con apoyo indispensable de Alfonso, Fernando Balerdi y Mari Eugenia, contestando a las preguntas y con un público muy interesado en ver y anotar cada fase de los diferentes procedimientos.

Se repartieron a los participantes, muestras de las diferentes cremas elaboradas y un dentífrico con salvia que fue las delicias de los participantes por el envoltorio ilustrado manual y artísticamente a manos de Anabel.

Finalizamos el taller con una demostración in situ de un proceso de destilación floral y un método alternativo de secado mediante deshidratación, obteniendo una cantidad de hidrolato suficiente para repartir a algunos de los participantes.

A continuación, el domingo, realizamos la visita guiada a la huerta ecológica de Abetxuko, previa solicitud a responsables del ayuntamiento en una visita anterior.

El punto de comienzo fue la parada de tranvía de Abetxuko , con la intención de que la mayoría de los participantes pudiera prescindir de vehículos propios, para su comodidad y ayuda al fomento del transporte público.

Realizamos la identificación de un buen número de plantas de uso medicinal: A nuestro paso, aparecía la caléndula, verbena y Taraxacum officinale, Galium aparine, Malva sylvestris, Thymus vulgaris , Achillea millefolium, mentas, consueldas y saucos.

Todo ello; entre aromáticas de olores agradables, hasta muy desagradables, terminamos observando detalles de la famosa Cicuta.

Para terminar la sesión salimos al exterior y en el Anillo Verde más próximo identificamos algunos géneros más peculiares.

Durante toda la visita, fue un placer disfrutar de la atención, el interés y la cordialidad de todos y cada uno de los participantes.

Con las malas predicciones meteorológicas; tuvimos suerte y la lluvia nos respetó durante toda la visita.

Como conclusión queda la intención de ampliar el número de personas en el grupo, con la única condición de tener cierto interés en colaborar.

Impartidores y colaboradores del curso: Marijose , Antonio , Pedro , Encarni, Alfonso , Anabel, Fernando y Maria Eugenia y Ángel.

Coordinador: Ángel García Soleto.

Exposicion productos elaborados por grupo del IAN

Marijose y Pedro explicando procedimientos y aclarando dudas.

Angon Marijose y Pedro aclarando dudas

Destilador de aguas florales en taller plantas medicinales

Dentífrico natural en sobres rotulados artesanalmente por Anabel

Plantas medicinales en visita guiada

Grupo participantes taller en visita guiada

Caléndulas rodeando hotel de insectos

Minimaratón Ornitológico a Pie

El sábado 11 de mayo, diez personas nos dirigimos a la Rioja Alavesa con la intención de emprender una buena caminata para detectar el mayor número de especies de aves. Después de las que llevamos a cabo en Vitoria y en el embalse de Ullibarri, es ya el tercer año consecutivo en el que desarrollamos una actividad de este tipo, sin ningún ánimo competitivo.

Comenzamos la ruta aparcando junto a la balsa de El Prado en Laguardia y allí comenzamos a apuntar las especies propias de las choperas y vegetación ribereña que bordean a este humedal. También añadimos diversas aves acuáticas e incluso, fuera de concurso, una de las participantes pudo observar brevemente una nutria que se sumergió y no volvió a aparecer. Visitamos después las lagunas endorreicas de Carralogroño (donde sumamos la focha común, el ánade friso y la cigüeñuela común) y Carravalseca (con chorlitejo grande y correlimos común). Ya era cerca del mediodía cuando abandonamos estos humedales con 48 especies apuntadas.

Tocaba ahora un largo paseo a través de los viñedos para llegar a Lapuebla de Labarca, un paseo en el que destacaron sendos machos de collalba rubia y roquero rojo que, muy cerca uno de otro, nos deleitaron con su bello plumaje. Ya en Lapuebla, los sotos y roquedos del Ebro añadieron unas cuantas especies nuevas, además de un roquero solitario posado en una antena del pueblo como si fuera un estornino. Terminamos la ruta con un listado de 65 especies de aves, varias de ellas propias de esta comarca y que apenas se dejan ver al norte de la sierra de Toloño, aunque, por otra parte, no pudimos detectar otras muy comunes en comarcas más norteñas pero escasas en la Rioja Alavesa, como el petirrojo o el chochín.

Además de entretenida e instructiva, esta actividad resulta útil para conocer con detalle la avifauna de una zona, ya que obliga a prestar atención a cada pájaro que se pone al alcance de nuestra vista o de nuestro oído. La repetiremos.

Especie

1

Ruiseñor común

2

Mosquitero ibérico

3

Cetia ruiseñor

4

Verderón común

5

Curruca capirotada

6

Escribano soteño

7

Urraca

8

Avión común

9

Paloma doméstica

10

Mirlo común

11

Vencejo común

12

Pinzón vulgar

13

Verdecillo

14

Paloma torcaz

15

Papamoscas gris

16

Oropéndola

17

Carricero común

18

Garza real

19

Jilguero

20

Gallineta común

21

Milano negro

22

Rascón europeo

23

Somormujo lavanco

24

Porrón europeo

25

Abubilla

26

Ánade azulón

27

Golondrina común

28

Aguililla calzada

29

Zarcero políglota

30

Pardillo común

31

Aguilucho lagunero

32

Lavandera blanca

33

Buitre leonado

34

Gorrión común

35

Estornino negro

36

Colirrojo tizón

37

Carbonero común

38

Cogujada común

39

Focha común

40

Ánade friso

41

Cigüeñuela común

42

Terrera común

43

Halcón peregrino

44

Escribano triguero

45

Curruca cabecinegra

46

Tarabilla común

47

Chorlitejo grande

48

Correlimos común

49

Bisbita campestre

50

Collalba rubia

51

Roquero rojo

52

Alondra totovía

53

Cernícalo vulgar

54

Perdiz roja

55

Corneja

56

Avión roquero

57

Roquero solitario

58

Martinete común

59

Cormorán grande

60

Andarríos chico

61

Lavandera cascadeña

62

Herrerillo común

63

Cistícola buitrón

64

Gorrión chillón

65

Abejaruco común