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Curso de Anillamiento de Aves

El pasado domingo 26 de marzo estuvimos en el Parque de Garaio aprendiendo como se anillan las aves. El viernes anterior Jordi nos dio una charla sobre el tema, muy interesante y emocionante… deseando que llegara el domingo y que hiciera buen tiempo para que no se suspendiera la salida. El sábado 25, antes de ir a dormir, Jordi nos confirmó que ¡adelante!, iba a hacer más o menos buen tiempo y a anillar. Bueno, nosotr@s a aprender. Se iba a cumplir un sueño de adolescente.

Jordi y sus compañer@s de anillamiento nos enseñaron mucho y para mí lo más importante, nos contagiaron su emoción y entusiasmo y el porqué de anillar aves. Intentamos aprender cómo calcular la edad por sus plumas, cómo ver su grasa, cómo medir sus plumas y su metatarso… lo hacían todo tan natural. Difícil recordar todo.

Nos dejaron soltar los pajaritos: Petirrojos europeos, Mosquiteros ibéricos y comunes, Currucas capirotadas (chicas y chicos), Herrerillos comunes y nos dieron una sorpresa… un Mito, que estaba un poco asustado y un poco estresado.

Muchas gracias Jordi, y a tus compañer@s de anillamiento, Azaitz, Nerea, Ibai  y José Ignacio. Esperamos volver a repetir.

Jordi nos mandó un email con los resultados de la jornada de anillamiento:

  • 46 capturas: 38 anillamientos y 8 recuperaciones propias.
  • 7 especies
  • 2 Mosquiteros Ibéricos
  • 9 Mosquiteros Comunes
  • 3 Carboneros Comunes
  • 7 Currucas Capirotadas
  • 11 Petirrojos Europeos
  • 3 Herrerillos Comunes
  • 1 Mito

 

      

Texto y fotos: Loli Cordero

Unas piernas de escándalo en las marismas

Me refiero a las patas rojas o naranja fuerte, según la luz, del Archibebe común. Así las calificó Brian en la primera salida de este año del IAN, que fue el pasado fin de semana a las Marismas de Santoña, Victoria y Joyel, en Cantabria, una excursión ornitológica que se prolongó durante dos noches y tres días magníficos en mitad de enero.

Los seis participantes nos alojamos en Argoños, cerca de Santoña,y ya desde el viernes, recién llegados al anochecer, nos dimos cuenta de que hacía mucho más calor y había menos lluvia que en Vitoria.

El pronóstico de un fin de semana húmedo y nuboso nos venía muy bien ya que en esas circunstancias las aves invernantes se acercan a la costa y el espectáculo es constante y variopinto.

A primera hora de la mañana del sábado en el puerto pesquero ya había mucho revuelo y allí estaban flirteando los cormoranes grandes y los moñudos en el agua mientras nos sobrevolaba la gaviota reidora, y el esbelto charrán pescaba delante de nosotros. Enseguida tuvimos la primera discusión sobre una gran gaviota sombría posada en un poste que algunos creíamos, por su gran tamaño, que podría ser un Gavión, mucho más raro. Brian nos sacó de dudas y ya no nos quedó ninguna cuando nos enseñó un Gavión de verdad, desde el molino de Santa Olaja, al día siguiente. Era enorme. Tuvimos mucha suerte de ver uno.

Nos quedamos un buen rato porque también había agujas y buceaban el zampullín cuellirojo y el colimbo grande.

Luego, con una luz y un tiempo estupendos, nos dirigimos al observatorio de Arenillas, que era como nuestra casa sobre la marisma para observar aves y más tarde refugiarnos y comer. Es un lugar que nunca nos defrauda. Era también el mejor momento, antes de la bajamar, cuando las aves acuden a los limos a comer y fue espectacular.Allí estaban los zarapitos y la espátula. Había zarapitos reales y trinadores pero las estrellas de la mañana, fueron las serretas medianas, muy despeinadas ellas, que algunos no habíamos visto nunca. Son patos…y patas, por supuesto.Contábamos con Alfonso y Brian para aprender y distinguir unas especies de otras. Fue entonces cuando avistamos archibebes claros y comunes y para distinguirlos nos tuvimos que fijar en las patas rojas del archibebe común, iluminadas por el sol, realmente de escándalo. Sobre todo cuando se comparaban con las del otro archibebe, llamado el claro, que son verdes y cuesta mucho más asombrarse.

Luego, los chorlitos y otras limícolas nos tuvieron absortos hasta que se produjo la bajamar, las aves disminuyeron, y nos fuimos a Escalante, que es otra parada habitual en esas marismas.

Nada mas llegar nos saludó el colirrojo tizón, con su cola naranja, en el acantilado donde pusimos el telescopio. Las espectaculares Garcetas comunes no podían faltar, claro.

Por la tarde visitamos la marisma de Bengoa entre chubasco y chubasco. Había también patos cuchara y correlimos ; además, volaba por allí el Martín pescador, como una bala.

Para terminar el día y ver la puesta de sol nos acercamos a la playa de Berria y dimos un paseo estupendo, con olas espectaculares y una luz irresistible. El rugido del mar y la soledad también lo eran.

Después, enfundamos los prismáticos y nos fuimos a Santoña a cenar a nuestro sitio habitual donde nos encontramos de maravilla.

El domingo lo dedicamos a Noja y sus marismas de Victoria y Joyel. Primero, la de Victoria en el llamado Molino de las aves donde hay un observatorio cerrado. Por allí también andaban el mirlo y el ratonero y en el agua flotaba el ánade friso y pescaba la garza real. El observatorio no lo abrían hasta más tarde así que partimos a otro observatorio en forma de torre de madera situado entre la playa de Trengandín y la marisma de Joyel, con unas magníficas vistas. Por allí merodeaban,además de nosotros, el aguilucho lagunero, el ratonero y el cernícalo. Al descender de la torre nos saludó el carbonero con su canto y su presencia y se metió en una papelera.¡Ni que fuésemos tan feos! Los hay exagerados, en verdad.

Nos acercamos a Noja a tomar un café y partimos a seguir explorando la marisma de Joyel en el pueblo de Soano donde nadaban los porrones. Dimos un paseo en el que no faltaron los petirrojos hasta el Molino de Santa Olaja, que es un molino de mareas y que fue en su día el mayor molino harinero de esa comarca de Trasmiera. Desde allí el espectáculo acuático resultaba magnífico mientras llovía y paraba de llover. La luz de esas marismas nunca defrauda.Se nos acercaron a saludar dos cisnes comunes que aparecieron de pronto nadando. A lo lejos, el Gavión, inmenso y raro. Estuvimos mucho tiempo avistando todo tipo de aves y reconociendo a estos fascinantes visitantes invernales de las marismas. Casi todos hicieron acto de presencia.

Antes de regresar al observatorio de Arenillas en Santoña para comer tuvimos ocasión de acercarnos dando un corto paseo bajo la lluvia al edificio del Ecoparque de Trasmiera, muy cerca, donde sobre una roca se agrupaban cientos de Garcillas bueyeras, otro espectáculo inesperado.

Ya en Arenillas pudimos ver a las limícolas pescar cangrejos mientras comíamos. Estábamos a lo mismo aunque su comida resultaba mucho más fresca, vivita y coleando. Tuvimos ocasión de sentimos afortunados de poder contemplar así el espectáculo de las mareas y las aves en esa caseta con corrientes y vistas panorámicas a su vida, enfrente de la cual nos hicimos una foto de grupo intentando posar con la gracia de las garzas. Veremos como hemos salido y qué piensan las garzas al respecto. Al carbonero, ni consultarle, claro.

Textos: Carolina Larrosa
Fotos: Loli Cordero, Belén Gutierrez y Brian Webster

Cursillo de Macrofotografía con la Asociación Alavisión

Taller de fotografía macro en Santa Catalina
El último sábado de junio, con el verano recién estrenado, fuimos con Brian al Jardín botánico de Santa Catalina, en Trespuentes, para disfrutar de un taller intensivo de fotografía macro, teoría con prácticas y supervisión, junto a la Asociación cultural Alavavisión. Uno de sus miembros, Iñigo Gómez de Segura Buesa,  nuestro profesor ese día, nos había preparado una presentación con todo lo fundamental sobre el macro, técnica difícil pero muy necesaria, yque trata de convertir lo pequeño en grande, y nos hizo sentir que no era tan complicado ni difícil. El tiempo voló y hubo que practicar lo aprendido.

Salimos a un parterre y era un poema vernos, tumbados por los suelos, persiguiendo abejorros entre las flores, llenos de equipo fotográfico y siempre bajo la mirada atenta y amable de Iñigo, que con su entusiasmo nos motivaba hasta a los más reticentes porque sólo teníamos una cámara compacta, aunque con funciones manuales,  con la que la tendencia a que todo salga desenfocado es frustrante. Lo pasamos en grande y aprendimos muchísimo.

La sorpresa fue mirar las fotos en casa y ver que con sus sabios consejos, algunas cosas no estaban nada mal y estábamos aprendiendo a sacar partido al equipo.  Los participantes, ya antes de despedirnos, planeábamos una nueva quedada macro cuanto antes, para no olvidar y practicar juntos: un despegue en toda regla.

Carolina Larrosa