El domingo 10 diez de mayo tuvo lugar una nueva edición de esta actividad, que desde 2017 organiza el IAN cada primavera. Iniciamos la ruta en el puerto de Okina, donde recorrimos en primer lugar los pastizales del entorno. La mañana era fría y el viento molesto, pero no faltaron las especies habituales en este tipo de medios, incluyendo tres escribanos cerillos (4) que se dejaron observar a placer. La población de esta especie ha disminuido alarmantemente en Álava en los últimos tiempos, por lo que fue una de las especies estrella de la mañana.
Con la adición de la curruca capirotada (22) y el reyezuelo listado (23) finalizamos nuestro recorrido por pastos y matorrales para emprender la bajada hacia Ullibarri de los Olleros por los bosques de la umbría de los Montes de Vitoria. No tuvimos mucha fortuna, porque no aparecieron la mayor parte de los especialistas forestales, pero sí tuvimos ocasión de oír claramente el canto de un mosquitero común (25) entre los de los numerosos mosquiteros ibéricos de la ruta. En la entrada a Ullibarri la lista aumentó rápidamente con la incorporación de las especies propias de lugares habitados, empezando por el avión común (30) y el gorrión chillón (31). Nos sentamos a almorzar en el pueblo habiendo anotado ya la especie número 40 (vencejo común).
Mientras estábamos recordando cómo en la edición de 2023, en este mismo lugar, un lejano alcotán nos alegró el almuerzo de manera inesperada, un puntito negro en lo alto del cielo llamó nuestra atención. Levantando los prismáticos con la mano que el bocata nos dejaba libre, comprobamos que se trataba nada menos que de un buitre negro (41). Sin recuperarnos aún de la sorpresa, un nuevo punto negro en el cielo y una nueva interrupción del almuerzo nos llevaron a disfrutar de la observación de un inesperado adulto de águila real (42) sobrevolándonos a gran altura.
Tras estos avistamientos y con la moral por las nubes retomamos la ruta en dirección a los altos del Paletón y Egaña, que separan las cuencas de los ríos Errekaleor, al oeste, y Santo Tomás, al este. Los quejigales de estas colinas sumaron bisbita arbóreo (43), mosquitero papialbo (44), y águila calzada (45). Pasamos después por la balsa de Otazu, en la que no había un solo pájaro, y, tras atravesar esta localidad nos dirigimos a Arkaia por una larga pista parcelaria. Momento en el que se desató la tormenta que venía anticipándose desde hacía rato y que nos llevó a sacar rápidamente chubasqueros y paraguas. Buscamos refugio a la carrera en el pórtico de la iglesia, donde nos pusimos a comer con más frío que apetito. A pesar de todo, centrados en la tarea, añadimos mientras tanto a la lista la paloma doméstica (49) y la cigüeña blanca (50).
Por fin escampó, pudimos seguir camino, e hicimos una parada fuera de programa en el bar de Elorriaga para tomar un café y acabar de entrar en calor. Eso sí, aprovechamos para echar un vistazo a la iglesia del pueblo, en cuyos muros comprobamos que anidaban la grajilla (55) y otra especie que sorprendentemente no habíamos localizado hasta ahora, el herrerillo común (56). El zarcero políglota (57) fue la última incorporación antes de las balsas de Salburua, que con la floración masiva de los lirios amarillos lucían esplendorosas. Pudimos disfrutar en exclusiva del observatorio de Los Fresnos, donde las nuevas especies se iban sucediendo a toda velocidad, destacando un precioso macho de pato colorado (63) y una espátula (68) que se dejó observar a placer, así como una pareja de cercetas comunes (75), un invernante ya raro a estas alturas del año. Tras salir del observatorio, pudimos ver un par de cigüeñuelas (77) y un lejano cernícalo (78), mientras que en el observatorio de Las Zumas localizamos un carricero tordal (79) que cantó brevemente, y una garza imperial (80) sobrevolando la balsa de Arkaute.
Esta última especie puso fin a la lista. No pudimos batir el récord de 2023, cuando en un recorrido parecido al de esta ocasión llegamos a las 82 especies, sobre todo debido a la escasez de limícolas. Solo pudimos ver a la cigüeñuela, mientras que tres años antes apuntamos en Salburua también al combatiente, al correlimos menudo, al andarríos chico, al chorlitejo grande y al archibebe común. Pero el número final es lo de menos, nos quedamos con un inolvidable día de campo en el que, a pesar de las zarzas, la lluvia, el granizo y los 23 km de caminata en nuestras piernas, disfrutamos cada momento.