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Tercera salida a Laguardia

3º Salida a Laguardia


Cerrando el ciclo de salidas para dar a conocer el patrimonio histórico, cultural y natural de la comarca de la Rioja Alavesa, en ésta tercera nos encaminamos hacia la vecina Navarra para visitar la Peña de Lapoblación, también conocida como León dormido por el perfil de esta cumbre que divisada desde Logroño recuerda a un león recostado. En este monte, donde los elementos florísticos mediterráneos y atlánticos se abrazan, pudimos realizar una ascensión suave y agradable bajo el dominio del hayedo con un sotobosque de boj, el fiel ayudante del montañero. 

Ya en la cabeza del león (cima de 1.200 m), éste siguió dormitando y nos dejó disfrutar de unas fabulosas vistas con una panorámica de 360º. Gran suerte la nuestra, ya que a pesar de ser común la formación de nieblas en esta peña, el día despejado nos permitió divisar claramente el paisaje y comprender así mejor la importancia estratégica de este enclave a lo largo de la historia. 




De este punto se encargó con esmero nuestro guía por esta comarca, Ander, explicándonos la importancia de las fortalezas en esta y otras cumbres cercanas para dividir a las tropas enemigas del reino de Navarra, así como otras anécdotas, como la del tesón (o cabezonería) del brigadier Montoya por defender esta fortaleza, último carlista que se rindió en la tercera guerra Carlista tres días después de su conclusión













Tras despedirnos de esta peña por su vertiente más mediterránea, nos dirigimos hacia el dolmen de Los Llanos, el más antiguo de la Rioja Alavesa, y donde Ander también nos puso al tanto de la importancia de este panteón y los materiales encontrados en él para poder interpretar el origen de los primeros pobladores que hicieron uso de este monumento megalítico.





Pero no sólo de naturaleza y cultura se puede vivir, y ya pasado el mediodía fuimos recibidos por María en la bodega familiar Viña Lamioga, donde nos explicó el modo de elaboración de sus vinos, y por supuesto pudimos catarlos agudizando tanto el oído, olfato y gusto. En un rincón acogedor de esta bodega acompañamos nuestra comida con estos vinos: un original blanco de fuerte olor y sabor a almendras amargas, y unos tintos afrutados de intensos colores. Así, pudimos disfrutar de una salida multisensorial, y como siempre con excelente compañía.

Texto: Mónica Ladrón de Guevara
Fotos: Juan Carlos Palacios


Salida “Mariposas y mitología”

La salida “mariposera y mitológica” de este año transcurrió de manera muy satisfactoria. Para empezar los dioses de antaño cumplieron: Helio, el dios sol, acudió puntual con los corceles del carro bien alimentados e hidratados, mientras que Eolo, después de despacharse a gusto la víspera, decidió tomarse el día libre y quién sabe si no lo dedicó, también, a la entomología.
 
Así que con estas premisas los siete entusiastas participantes  no tardaron en desenfundar las mangas entomológicas y ponerse manos a la obra.  En seguida, cayó una incauta Maniola jurtina  que nos sirvió para introducirnos en la anatomía primero y en la sistemática después.
 

Y a partir de ese instante Brian y Loli se dedicaron a repartir mangazos a diestro y siniestro, Javi se responsabilizó de que no se extraviara la única “placa de Petri” que teníamos para observar al detalle cada ocelo y cada marca que nos ayudara a clasificar al ejemplar. Belén y Edurne se encargaban de las guías y de registrar las especies. Por último, Carolina, la más letrada del grupo pero no por ello menos científica del grupo, se encargó de declamarnos la historia de cómo las engreídas piérides acabaron convertidas en urracas blanquinegras (colores que comparten con las mariposas del género Pieris).
 
 

Al final, fueron una veintena de especies representantes de las familias principales (faltaron a la cita los papiliónidos). Cabe destacar la gran cantidad de ejemplares de la bella y elegante ninfa de los arroyos (Limenitis reducta).

 
A eso de la una del mediodía, nos percatamos de que, si bien ellas seguían revoloteando por doquier como si tal cosa, nuestra especie no es  tan termófila, y emprendimos la vuelta hasta la taberna donde celebramos la jornada con una merecida caña.
 
 
 
 Especies observadas
 
Familia Hesperiidae (hespéridos)
Thymelicus lineola
Thymelicus sylvestris
Ochlodes sylvanus
 
Fam. Lycaenidae (Liciénidos)
Cupido argiades
Laeosopis roboris
Lampides boeticus
Polyommatus icarus
Satyrium ilicis
Satyrium w-album
 
Fam. Nymphalidae  

SubFam. Nymphalinae (ninfálidos)
Argynnis paphia
Brenthis Daphne
Limenitis camilla
Melitaea athalia
 
Subfam.  Satyrinae(satíridos)
Coenonympha arcania
Maniola jurtina
Melanargia galathea
Pararge aegeria
 
Fam. Pieridae (piéridos)
Colias croceus
Gonepteryx rhamni
Pieris brassicae
Pieris rapae
 
Texto de Raúl Martínez, fotos de Loli Cordero

Sepúlveda, las Hoces del río Duratón y las alondras

Era mediados de abril, tiempo de lilas y hojas verdes recién salidas y enfilamos hacia Sepúlveda, en tierras de Segovia, para visitar las Hoces del río Duratón y  seguir el rastro a la alondra Ricotí que canta en las parameras de esa zona y se ha hecho ya por allí un prestigio casi operístico. Nos llevaban a pasar un largo fin de semana, de casi tres días, Begoña Nogueiras, que conocía ya esas tierras muy bien, y Brian, que lo organizó con ella.  Para muchos de nosotros todo fue una gran sorpresa ya que no sabíamos muy bien ni por donde caía Sepúlveda ni lo hermosa que era.  Algo comentaron de que había mucho románico pero realmente había de todo y mucho.

Cuando avistamos la vieja e histórica villa vimos que estaba encaramada en una colina sobre la vega de dos ríos, el Duratón y el Caslilla, cubiertos por las hojas de los numerosos árboles. Anochecía y nuestro hostal Mirador del Caslilla , en lo más histórico y peatonal del pueblo, elevado y estratégico, fue enseguida un dulce hogar. Nos hicieron unas cenas y unos desayunos, caseros y sabrosísimos, inolvidables. Antes de cenar dimos un paseo hasta la parte más alta donde  una imponente iglesia románica coronaba el pueblo. En la plaza mayor había restos de un castillo y el pueblo, muy tranquilo, invitaba a futuras exploraciones. Sin coches, lleno de hornos de pan, donde hacen unas tortas de anís riquísimas, galletas caseras y el pan de cada día, el pueblo resulta amable desde el primer momento, en cuanto se aparca el coche y se abandona para callejear a pie.

Nos despertó con la primera luz el canto de la curruca capirotada  que nada más abrir la ventana del baño allí estaba, como con micrófono. Salimos a explorar los alrededores mientras nos preparaban el desayuno, y los pájaros eran la música de la mañana, todos como con altavoces.  Luego nos fuimos en los coches a  buscar el Duratón y sus famosas Hoces, grandes meandros, hacia la ermita de San Frutos, patrón de los pajareros, a unos cuantos kilómetros del pueblo, muy cerca. Los meandros de río impresionaban y nos habían indicado que por aquellos paramos andaba la alondra Ricotí. Llegados al lugar indicado, dimos un buen paseo lleno de alondras que cantaban en el aire, de cortejo. Y en algún momento, algunos escucharon a la Ricotí. Misión cumplida, pero aún faltaba lo mejor. Misión cumplida, pero aún faltaba lo mejor.


Apareció la ermita como un sueño en mitad de soledades cubiertas de vegetación, rocas  y los meandros del río. Parecía mentira que íbamos a poder llegar allí por un camino, como así fue.  La primavera estaba en todo su esplendor impoluto, y las Hoces con el río ensanchado por una presa, azul, grandioso.  Las primeras imágenes nos dejaron sin aliento.

Paraíso de fotógrafos, sin duda,  no tardó en llegar un cargamento de gente, como nosotros pero muchos más y más escandalosos. Llegamos todos a la ermita entre foto y foto, y por los riscos cercanos nos sobrevolaban los buitres y nos daban sombra a la hora del calor y el mediodía. Es un enclave majestuoso y la ermita, abierta y acogedora, nos retuvo mucho tiempo. Allí está enterrado también S. Frutos, en su propio cementerio.  Pudimos desde sus terrenos observar el apareamiento de los alimoches al otro lado del río, sobre los farallones, y descubrir perejil  silvestre en el abandonado jardín.  Todos hacíamos planes para regresar a semejante lugar. La lista de aves crecía y crecía, y allí sí que todo el campo era orégano, tomillo, mejorana y flores de primavera, agua y cielo muy poblado de nubes y pájaros, y  también de alegría. Aprendimos pronto de las alondras, nuestras maestras al comenzar el día en los páramos.

Por la tarde fuimos las lagunas de Cantalejo y a ver un pueblo precioso con castillo imponente en la plaza, Turégano. También visitamos su iglesia románica y regresamos a Sepúlveda para ver ponerse el sol incendiando las piedras nobles y  vetustas. Paseando por el pueblo fuimos descubriendo sus muchos rincones e iglesias así como  la belleza de una planta omnipresente que crece en sus muros y que nos sorprendió nada más llegar. Allí la llaman Zapatitos de la virgen y resultó ser Sarcocapnos enneaphylla. Estaba en flor sobre paredes  y fuentes de piedra y nos acompañó en todas nuestras exploraciones. Es un ejemplo de supervivencia y adaptación al medio ya que es capaz de vivir en lugares sin casi sustrato introduciendo sus diminutas raíces en las grietas de las piedras.

Nuestro último día, tras despertarnos de nuevo con los pájaros cantores, no pudo ser más espectacular. Primero fuimos a visitar en la vieja cárcel el centro de interpretación del Parque natural del Duratón, al lado de nuestro hostal, muy entretenido y didáctico. Luego Begoña nos llevó a dar uno de los paseos más hermosos  y espectaculares posibles  partiendo desde el mismo pueblo,andando desde la puerta del Hostal: La senda de los dos ríos. Es una paseo que recorre el pueblo actual, el medieval , el romano  y el castro original, prehistórico;  transcurre  por molinos, puentes medievales  y modernos; tiene románico, naturaleza impactante por farallones altísimos donde han hecho pasarelas de madera y desde donde se ven los chopos más altos que uno imaginar pueda y también el bosque de ribera  a orillas del Duratón. Acaba en el extremo opuesto del pueblo llegando por un castro, seguramente el origen de Sepúlveda. La entrada en el pueblo tras el recorrido es como una ciudad jardín, y se descubren recovecos y rincones aún no paseados.  Fueron más de dos horas impactantes, relajadas, en las que de tanto mirar dolían los ojos, y que apelaba a todos los sentidos, sin excepción, una especie de paraíso terrenal. Al regresar, nunca me había parecido Sepúlveda más bella y la miraba con un respeto casi reverencial por tantas e imponentes sorpresas. Callejear por su laderas es toda una experiencia., sin duda.

Fuimos a comer al pueblo de Duratón, hoy pequeñísimo pero muy importante en la época romana y medieval. Su iglesia románica es la perla de la zona y extendimos nuestras vituallas en el pórtico entre elegantes y lujosos capiteles como en un hotel de cinco estrellas . El jardín circundante era un cementerio visigodo, por lo visto, y en la torre anidaban las cigüeñas.  Otro lugar mágico donde hicimos muchas risas,  rodeados de pájaros, que algunos hasta sabían imitar y llamar. Así nos despedimos rumbo a casa con Sepúlveda ya para siempre en el corazón y el deseo.

Gracias Begoña Nogueiras por llevarnos a un  lugar así y enseñarnos todos su secretos, y gracias Brian, por organizarlo con ella y darnos estas sorpresas que superan  la imaginación.  Volvimos felices como alondras. Recordarlo hace soñar.

Textos y fotos de Carolina Larrosa