Todas las entradas de: Instituto Alavés de la Naturaleza

Recordando a Pedro Uribe-Echebarria

A veces en momentos de tranquilidad, me gusta hacerle pasar por mi cabeza, a pesar del nudo que se me pone en la garganta y de las lágrimas que me salen. Me gusta recordarle porque al hacerlo de nuevo siento las emociones que sentí al encontrar aquella genista rastrera en el portillo Lerón, porque me vuelven a impactar como hace 20 años esos comentarios que me hizo sobre las gramíneas. Le veo asomado al Zadorra en Eskalmendi tomando notas y siento de nuevo la alegría del fin del proyecto de golf de Gamarra. Le veo en Izki y me veo rodeado de muchos de los que son ahora compañeros y amigos del IAN. La última vez le vi en una exposición en Elorrio y me hace recordar a Iñaki Zorrakin. Y también me veo a mí, con las claves en un prado de montaña agachado, tranquilo y absorto frente una pequeña flor.

De nuevo he llorado, pero son muy buenos momentos los que le debo; esos y los que me quedan por pasar. Gracias Pedro.

Jaime Ortiz de Urbina

OBARENES, SEGUNDA PARTE

Con motivo del Día de las Aves, evento promocionado por BirdLife International y celebrado en todo el mundo, ocho temerarios socios del IAN realizamos una visita al monte Humión, el más alto de la sierra de Obarenes con sus 1.435 m. El objetivo era observar aves de media montaña, características del piso supraforestal, allí donde el bosque deja paso a los matorrales y pastizales petranos. La innivación, el diente del ganado y las esporádicas quemas limitan hoy por hoy el asentamiento de los árboles por encima de los 1.200 m, aunque en algunos sectores –especialmente los orientados al N- los frugales pinos silvestres van subiendo poco a poco, como tenaces alpinistas a cámara lenta.

El caso es que desde las cimas de Obarenes, la Biogeografía deja de ser una disciplina difusa para cobrar vida. Los Pirineos en la lejanía hacia el este, la Cantábrica hacia poniente, y las modestas Tesla, Obarenes y Cantabria a modo de puente y corredor entre aquellos grandes refugios faunísticos. Casi puede uno imaginar al quebrantahuesos volando del uno al otro confín de este norte ibérico, prospectando camperas con ganado y rincones acantilados donde sus antepasados, aquellos que José Antonio Valverde todavía alcanzó a registrar en Pancorbo en los años 50 del siglo XX, nidificaban secularmente antes de su triste desaparición.

La nómina de aves de esta sierra es, así pues, una versión empobrecida de la que le correspondería. Falta también la perdiz pardilla, cuyo nicho ecológico ha sido ocupado por una inesperada perdiz roja montañera, que prospera en los brezales-enebrales, lejos de los cultivos de cereal que se le suponen propios, allá abajo en el llano. Lo mismo cabe decir de la alondra, a la que generalmente asociamos a las tierras agrícolas, donde padece un declive galopante. Las cumbres deforestadas son el reino de la chova piquirroja, la tarabilla común, la curruca rabilarga, el acentor común y el bisbita alpino.

En 2011 otra expedición del IAN a estos parajes tuvo que enfrentarse a las inclemencias meteorológicas. En esta ocasión las dificultades a vencer no fueron otras que el fuerte desnivel de algunos repechos, pero el Humión nos mostró una cara más amistosa. Afortunadamente, segundas partes no fueron siempre malas, y pudimos volver a casa con nuevos paisajes en la retina, algunos conocimientos para la experiencia, y cuestiones sobre especies, comunidades y hábitats en la cabeza, que es lo que nos hace mejores naturalistas.

Texto y foto: José María Fernández García

ZORIONAK A TODOS LOS SOCIOS

Hoy, sentada al borde del pantano de Landa, tirando piedras al agua, me fijaba en las ondas cómo crecían, se multiplicaban y se expandían.

En la otra orilla, estaban los nidos de fochas con sus crías, hasta donde quizá llegaran las ondas de mi piedra; también afectaba a las libélulas y caballitos que velozmente se alejaban ante el impacto y las salpicaduras.Y siguiéndolas, me llevan hasta un zampullín cuellinegro en mitad de la balsa de agua.

Muy cerca, los sormomujos acarrean a su prole que ha aguantado la dura primavera. Una garceta grande aparece y desaparece entre los carrizos, (bailando entre bastidores): el bando de garcillas bueyeras llega de lejos a perseguir a las vacas en las laderas, interrumpe su baile y alza el vuelo blanco precioso, iluminada por un sol que hoy ya es de verano. 

Mientras caminamos, damos la vuelta al prismático para ver el pequeño universo que encierran las flores (filipéndulas, Anacamptis pyramidalis, …) sin interrumpir el vuelo de las mariposas amarillas que no sé si oirán el pu-pu-pu de la abubilla.

Por el camino, han pasado veloces ciclistas quienes quizá solo hayan visto una pista más por donde pasar. Para otros, el mismo camino es una hermosa poesía o un lugar lleno de magia y de vida.

Algunas personas, hace 25 años tiraron una piedra que se llamó IAN. Yo sólo puedo darles las gracias, porque he sentido muchas veces cómo me llegaba una de sus ondas, ser parte de algo en movimiento y ser una persona afortunada por compartir y poder aprender alguno de los secretos y bellezas que me hacen disfrutar más aún de la naturaleza.

¡ZORIONAK, IAN, que sigas creando ondas……………! 

Texto y fotografia: Aran Marcos