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ÉXITO DEL CICLO DE CONFERENCIAS

El Instituto Alavés de la Naturaleza (IAN – ANI) ha organizado un ciclo de conferencias con motivo de la declaración del año 2010 como Año
Internacional de la Diversidad Biológica por parte de Naciones Unidas. Las charlas se ofrecieron los días 25, 26 y 27 de octubre en la Sala Luis
de Ajuria, cedida por la Caja Vital. El ciclo ha sido subvencionado por el Departamento de Medio Ambiente y Urbanismo de la Diputación Foral de
Álava.

El primer día nuestro socio Conrado Tejado nos habló de la “INDIA: “Rastreando tigres en la Meseta del Decán”, explicándonos la distribución de este felino y las dificultades de conservación. Al día siguiente Gorka Belamendía, técnico del CEA, nos habló de “SUDÁFRICA: Parques Naturales de Sudáfrica, equilibrio entre gestión y conservación”. Finalmente, Mario Saenz de Buruaga, de Consultora de Recursos Naturales, nos habló con su habitual calidez de “AUSTRALIA: Un recorrido a saltos por Australia”, recalcando la inmensidad y variedad biológica de ese inmenso territorio.

Cada uno de ellos nos acercó a un país: India, Sudáfrica y Australia, y nos relataron sus experiencias en su contacto con la fauna local y su hábitat, y nos describieron de qué forma los expertos del lugar han desarrollado distintos modelos de protección de algunos de los animales
más emblemáticos, y la protección de su medio natural. Así pudimos saber por Conrado, dónde viven los últimos tigres de la India, qué problemas hay para mantener sus hábitats y los programas que hay en marcha para su protección. Gorka nos habló de la riqueza natural de Sudáfrica y Mario nos describió la cantidad de animales venenosos que se puede uno encontrar en Australia. De esta manera se contrastaron las tres regiones biogeográficas muy bien diferenciadas y los planteamientos de gestión de sus recursos naturales que hay en cada una.

Las charlas contaron con numeroso público, que participó al final de cada una con preguntas relacionadas con el tema.

Foto: Elena Potes

Buitre en Lumbier

El día 2 de octubre, durante la excursión a las foces navarras de Lumbier y Arbayún, organizada por el IAN con motivo del “Día de las Aves”, los participantes tuvimos la oportunidad de observar un ejemplar de buitre leonado con una ostensible marca alar amarilla y el código “FNX” inscrito en negro. Transmitida la noticia a través de la web www.maquiaambiental.com, que registra y coordina los avistamientos de buitres con marcajes especiales, pudimos saber que el individuo en cuestión había sido capturado y anillado en julio, en el muladar de Lumbier, en el marco de un programa de estudio promovido por el Gobierno de Navarra.

El hecho es que pocas especies de aves gozan de un conocimiento tan fiable sobre su abundancia y tendencia como el buitre leonado, cuyas poblaciones reproductoras ibéricas han sido objeto de censos detallados y regulares desde finales de los años 70 del siglo XX. Paradójicamente, este esfuerzo no ha sido seguido por líneas de investigación en ecología y demografía cuantitativa, en parte porque la constatación de su evolución favorable ha convertido a la especie en “poco atractiva” para los científicos. Sin embargo, distintos fenómenos con implicaciones en la gestión del medio natural -como las interacciones entre buitres y rapaces rupícolas amenazadas, el efecto de la retirada de carroña por la aplicación de normativas sanitarias o el conflicto surgido respecto a los presuntos ataques a ganado vivo- han suscitado cuestiones y demandas de información por parte de políticos, medios de comunicación, agentes sectoriales y ciudadanos en general. Se ha puesto la falta de datos empíricos y de modelos para explicar o validar estos fenómenos, y por ello algunos gobiernos autonómicos han puesto en marcha programas de investigación. Por ejemplo, en Aragón, Navarra, Álava y La Rioja se están marcando buitres leonados para su seguimiento a distancia, y la constatación de sus desplazamientos facilitará la resolución de algunas incertidumbres. El envío de citas -la nuestra de Lumbier, una entre muchas- a las bases de datos de estos proyectos es una pequeña aportación con la que los observadores de aves podemos contribuir.

Texto: José María Férnández
Fotos: Gobierno de Navarra

LA LECHUZA Y EL NATURALISTA

El día 16 de octubre tuvo lugar la actividad ‘La lechuza y el naturalista’. El objetivo era por un lado dar a conocer la estrecha relación que la une al naturalista y, por otro lado,saber un poco más sobre sus hábitos y los principales problemas a los que se enfrenta en
la actualidad.

 

La Lechuza común (Tyto alba) es una especie con una distribución muy amplia en el territorio. Sin embargo, no utiliza todos los hábitats por igual, ya que generalmente evita los ambientes forestales y también los de altitud elevada. Típicamente, se encuentra más ligada a zonas humanizadas, a áreas agrícolas, a campiñas, a pueblos e incluso ciudades. Por este motivo y por su costumbre de utilizar edificios para cobijarse y nidificar, la lechuza es un ave bien conocida a nivel popular.

 

En la actualidad, sin que pueda hablarse de especie amenazada, no es tan común como antaño. Escasea o ha desaparecido del interior de las ciudades y pueblos mayores, y en el ámbito netamente rural cuesta cada vez más detectar lugares ocupados por lechuzas.

 

Tradicionalmente las lechuzas se han instalado en edificios (iglesias, viviendas aisladas, casas abandonadas, graneros) que tuvieran acceso fácil a través de tejados, cubiertas o muros, y les proporcionaran tranquilidad para el reposo diurno y la cría. La renovación y restauración de muchos de estos edificios conlleva el cierre de huecos y aberturas, lo que imposibilita a las lechuzas seguir utilizándolos. De esta forma, las parejas tienen que buscar otro lugar donde vivir, donde posiblemente sean más vulnerables frente a predadores o frente al acoso humano.

 

La lechuza es uno de los mejores aliados del investigador que desea conocer la composición de la fauna de micromamíferos de una localidad. Es muy costoso estudiar este tipo de animales, pero la lechuza ejerce como involuntario ayudante en esta tarea, ya que regurgita los restos no digeribles de sus presas en forma de pequeñas bolas llamadas egagrópilas. Y éstas contienen cráneos y mandíbulas que pueden ser fácilmente identificados, de manera que la vía más rápida y eficaz para averiguar qué especies de ratones, topillos y musarañas viven en una localidad es buscar un posadero de lechuza, recoger sus egagrópilas y analizarlas.

 

La actividad comenzó por la mañana. El día amaneció gris, pero a pesar de ello un grupito de socios y socias del IAN se animaron y bicicleta en mano recorrimos variospueblos próximos a Vitoria, haciendo paradas en las iglesias para detectar habitantes no humanos. En primer lugar paramos en Yurre, donde pudimos observar que la iglesia estaba habitada al menos por el Cernícalo vulgar, del cual encontramos algunas egagrópilas. Una mujer del pueblo nos comentó que la lechuza también andaba por allí, aunque nosotros no encontramos ningún indicio en el exterior de la iglesia. Luego seguimos hasta Aranguiz, donde descubrimos una enorme iglesia con mucho encanto, con las paredes cubiertas de hiedra y multitud de recovecos para la fauna. Seguimosdirección Foronda y llegamos hasta la iglesia de Artaza de Foronda, donde encontramos un posadero de Lechuza y pudimos recoger varias egagrópilas; también observamos egagrópilas de Cernícalo vulgar. De esta manera pudimos comprobar las diferencias de tamaño, forma y tipo de contenido de cada egagrópila, lo que nos sirve para saber a que especie pertenece. Después de un merecido descanso volvimos a Vitoria, pedaleando mucho más rápido que a la ida debido a la lluvia que comenzaba a caer.

 

Por la tarde se realizó un taller para analizar las egagrópilas de la lechuza y aprendera identificar su contenido. En primer lugar se disgregaron en seco las egagrópila con ayuda de pinzas, separando las estructuras óseas de las presas consumidas. Posteriormente se seleccionaron los cráneos y mandíbulas de los micromamíferos, a través de los cuales pudimos ver las diferencias que existen, en especial en las piezas dentarias entre ratones, topillos y musarañas. Para ello se utilizaron lupasbinoculares y unas claves de determinación apropiadas. El contenido estaba compuesto principalmente de micromamíferos, pero también pudimos comprobar la presencia de aves depredadas.

 

Texto y fotos: Nerea Ruiz de Azua