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Destrucción en le río de las cuevas de Hueto Abajo

A finales de octubre llegó a este pequeño río del municipio de Vitoria-Gasteiz una cuadrilla de operarios para “limpiar” el río. Es un pequeño cauce fluvial que se une al río Oca a la altura de Mártioda para verter luego sus aguas en el Zadorra a la altura de Trespuentes. Está marcado por una variación espectacular de su caudal: durante parte del año está casi seco, sólo algunas pozas lo evocan y, durante breves períodos, baja con fuerza y ruge como un potente río pirenaico.

Teóricamente iban a eliminar troncos cruzados y podar ramas que impidiesen fluir al agua en momentos de crecida. El objetivo: evitar inundaciones. Todo ello supervisado por el guarda de la zona y esporádicamente por el de la agencia del agua (URA). Eran enviados por Zona Rural del Ayuntamiento de Vitoria y el presupuesto a cargo del famoso Plan E de Zapatero.

Como las labores se realizaban cerca de casa, acudí varios días a observar el desarrollo de las mismas: el disgusto fue monumental. Además de las intervenciones en el cauce, justificadas en parte, aprovechaban para pelar largos tramos de ribera de todo tipo de árboles y arbustos. El tramo sobre el que operaban era el comprendido entre el puente de Hueto Abajo y el molino, precisamente uno de los tramos mejor conservados en cuanto a vegetación ribereña y donde todavía podía verse volar, de vez en cuando, al Martín pescador.

Ante los oídos sordos del guarda a mis objeciones y protestas, llamé a URA y al Ayuntamiento. En el primero de los casos, me manifestaron que el permiso estaba concedido para el Zayas y el río Oca y que ya habían tenido que llamarles la atención anteriormente porque pelaban demasiado las riberas. Sin embargo, los trabajos destructivos continuaron sin modificarse. En el segundo, empezó el peloteo: ni Medio Ambiente ni el CEA tienen competencia en los pueblos, de todo se encarga Zona Rural, que lo mismo arregla una farola que destroza un río. De todas formas, accedieron a hablar conmigo… al cabo de 7 días.

Los dos factores físicos fundamentales en los bosques ribereños, la sujeción de los ribazos y la proyección de sombra sobre el cauce han sido drásticamente alterados. En lo biológico, la pérdida de biodiversidad es evidente. La fragmentación del soto del río es cada vez más patente llegando a ser un canal en amplios tramos entre Mártioda y Hueto.

¿Qué ocurre en esos tramos alterados? Los ejemplos están a la vista de todos: los depósitos de fangos erosionados por las avenidas junto al efecto de la variación de iluminación del cauce hacen que, en aquellos puntos con humedad superficial, el cauce se colapse de espadañas y el efecto que se buscaba, en lugar de solucionarse, se agrava.

¿Y en qué beneficia esto a las inundaciones? ¿La vegetación ribereña es la causa de las inundaciones o es un elemento que nos beneficia ante los efectos nocivos de las mismas?

Hay que decir que en este tramo del río no hay inundaciones como tal, sino pequeños desbordamientos de cabecera de duración muy limitada. Las inundaciones suelen producirse curso abajo, cuando el río ocupa las llanuras de inundación, sobre todo en momentos de fuertes y persistentes precipitaciones frecuentemente acompañadas de deshielos rápidos en la sierra. Lo único que se logra es aumentar durante los primeros años la velocidad del agua, sus efectos dañinos erosionando las riberas y provocar que curso abajo el efecto destructor de las inundaciones sea mayor. Al cabo de unos pocos años la situación del río será peor y entonces se propondrá drenar el cauce con una pala.


Todo esto no es nuevo, sino bien conocido. ¿Por qué se hace? ¿Por qué, mientras se plantan sauces negros y saúcos en Salburúa para restaurar y exhibir un trabajo bien hecho por el CEA, en el otro extremo del municipio se destrozan las mismas especies? ¿Salburúa es un ejemplo o se utiliza como una distracción autocomplaciente en la conciencia medioambiental del municipio?

Sólo me lo puedo explicar desde un Ayuntamiento que discrimina entre Ciudad y Zona Rural y aplica criterios diferentes cuando no contrapuestos y un departamento de Zona Rural condicionado por los criterios de algunos ciudadanos rurales que no llegan a comprender la complejidad del paisaje que les rodea y por eso tienden a simplificarlo y dejarlo como un solar.

Texto y fotos: Pello Urrutia (biólogo, especialista en botánica)

LA LECHUZA Y EL NATURALISTA

El día 16 de octubre tuvo lugar la actividad ‘La lechuza y el naturalista’. El objetivo era por un lado dar a conocer la estrecha relación que la une al naturalista y, por otro lado,saber un poco más sobre sus hábitos y los principales problemas a los que se enfrenta en
la actualidad.

 

La Lechuza común (Tyto alba) es una especie con una distribución muy amplia en el territorio. Sin embargo, no utiliza todos los hábitats por igual, ya que generalmente evita los ambientes forestales y también los de altitud elevada. Típicamente, se encuentra más ligada a zonas humanizadas, a áreas agrícolas, a campiñas, a pueblos e incluso ciudades. Por este motivo y por su costumbre de utilizar edificios para cobijarse y nidificar, la lechuza es un ave bien conocida a nivel popular.

 

En la actualidad, sin que pueda hablarse de especie amenazada, no es tan común como antaño. Escasea o ha desaparecido del interior de las ciudades y pueblos mayores, y en el ámbito netamente rural cuesta cada vez más detectar lugares ocupados por lechuzas.

 

Tradicionalmente las lechuzas se han instalado en edificios (iglesias, viviendas aisladas, casas abandonadas, graneros) que tuvieran acceso fácil a través de tejados, cubiertas o muros, y les proporcionaran tranquilidad para el reposo diurno y la cría. La renovación y restauración de muchos de estos edificios conlleva el cierre de huecos y aberturas, lo que imposibilita a las lechuzas seguir utilizándolos. De esta forma, las parejas tienen que buscar otro lugar donde vivir, donde posiblemente sean más vulnerables frente a predadores o frente al acoso humano.

 

La lechuza es uno de los mejores aliados del investigador que desea conocer la composición de la fauna de micromamíferos de una localidad. Es muy costoso estudiar este tipo de animales, pero la lechuza ejerce como involuntario ayudante en esta tarea, ya que regurgita los restos no digeribles de sus presas en forma de pequeñas bolas llamadas egagrópilas. Y éstas contienen cráneos y mandíbulas que pueden ser fácilmente identificados, de manera que la vía más rápida y eficaz para averiguar qué especies de ratones, topillos y musarañas viven en una localidad es buscar un posadero de lechuza, recoger sus egagrópilas y analizarlas.

 

La actividad comenzó por la mañana. El día amaneció gris, pero a pesar de ello un grupito de socios y socias del IAN se animaron y bicicleta en mano recorrimos variospueblos próximos a Vitoria, haciendo paradas en las iglesias para detectar habitantes no humanos. En primer lugar paramos en Yurre, donde pudimos observar que la iglesia estaba habitada al menos por el Cernícalo vulgar, del cual encontramos algunas egagrópilas. Una mujer del pueblo nos comentó que la lechuza también andaba por allí, aunque nosotros no encontramos ningún indicio en el exterior de la iglesia. Luego seguimos hasta Aranguiz, donde descubrimos una enorme iglesia con mucho encanto, con las paredes cubiertas de hiedra y multitud de recovecos para la fauna. Seguimosdirección Foronda y llegamos hasta la iglesia de Artaza de Foronda, donde encontramos un posadero de Lechuza y pudimos recoger varias egagrópilas; también observamos egagrópilas de Cernícalo vulgar. De esta manera pudimos comprobar las diferencias de tamaño, forma y tipo de contenido de cada egagrópila, lo que nos sirve para saber a que especie pertenece. Después de un merecido descanso volvimos a Vitoria, pedaleando mucho más rápido que a la ida debido a la lluvia que comenzaba a caer.

 

Por la tarde se realizó un taller para analizar las egagrópilas de la lechuza y aprendera identificar su contenido. En primer lugar se disgregaron en seco las egagrópila con ayuda de pinzas, separando las estructuras óseas de las presas consumidas. Posteriormente se seleccionaron los cráneos y mandíbulas de los micromamíferos, a través de los cuales pudimos ver las diferencias que existen, en especial en las piezas dentarias entre ratones, topillos y musarañas. Para ello se utilizaron lupasbinoculares y unas claves de determinación apropiadas. El contenido estaba compuesto principalmente de micromamíferos, pero también pudimos comprobar la presencia de aves depredadas.

 

Texto y fotos: Nerea Ruiz de Azua

Excursión ornitológica a las foces de Lumbier y Arbayún

El pasado 2 de octubre, una quincena de socios y simpatizantes del IAN efectuamos una visita a dos de las más conocidas “foces” del Prepirineo navarro, las de Lumbier y Arbayún, labradas por los ríos Irati y Salazar, respectivamente, al amparo de la Sierra de Leyre. “Foz” es la voz local que designa a los espectaculares desfiladeros fluviales, con acantilados calizos y caídas verticales de varios cientos de metros. Las foces constituyen uno de los rasgos más particulares del paisaje de esta comarca, hasta el punto de que en Lumbier existe un Centro de Interpretación dedicado a explicar al visitante el origen geológico y las manifestaciones de flora y fauna que albergan estos ambientes singulares, dominados por la roca, el agua y las fuertes pendientes.

El itinerario a través de la foz de Lumbier es accesible, corto (apenas 1,25 km de largo) y resulta francamente cómodo. Pero a pesar de la cantidad de personas que lo frecuentan, es posible realizar buenas observaciones de aves rupícolas. La especie más caracterizada es el buitre leonado, que encuentra en Navarra uno de sus principales bastiones ibéricos. Aunque estuvo amenazado en el pasado, la gran disponibilidad de comida procedente de la ganadería extensiva e intensiva, y el cese de la persecución de rapaces que se produjo a partir de los años 80, han permitido que hoy en día la silueta del buitre leonado surcando los cielos sea una estampa común en buena parte de la Península Ibérica (no así del resto de Europa meridional, donde resulta todavía muy escaso). Pudimos observar incluso un ejemplar marcado con una placa alar y código “FNX”, testigo de los programas de investigación que se han puesto en marcha al evidenciarse –paradójicamente- la falta de conocimientos científicos sobre la ecología de la especie.

La senda que discurre a media ladera por la foz de Arbayún es, por el contrario, muy poco transitada. Discurre en algunos tramos pegada a la roca, y no es recomendable para personas con vértigo. Pero a cambio, ofrece un panorama único en un entorno ciertamente salvaje, donde el visitante se siente un poco intruso. Por nuestra parte, nos deleitamos en los vuelos acrobáticos de las chovas piquirrojas y la observación, lejana pero majestuosa, de un águila real. Por desgracia no pudimos ver a la joya aviar de esta región, el escaso quebrantahuesos.

La salida se enmarcó en el “Día de las Aves”, evento anual que promueve Bird Life International con el objetivo de acercar la ornitología y los problemas de conservación de la biodiversidad a los ciudadanos en todo el mundo. Desde el IAN llevamos más de 15 años programando actividades asociadas a esta efeméride, procurando vincularla además a algún tema o campaña sobre conservación de aves o sus hábitats. En 2010 pretendimos relacionar la salida con las aves carroñeras (buitre leonado, alimoche, quebrantahuesos…), tan típicas de las foces navarras, a sabiendas de que SEO/Bird Life iba a declarar “Ave del Año” a una especie de este grupo. Pero curiosamente, la especie finalmente elegida como “Ave del Año” resultó ser el buitre negro, cuyas colonias más cercanas a nosotros se encuentran en el norte de Madrid. ¡A ver si el año próximo somos capaces de pronosticar con acierto la elección!

Texto y fotos: José María Fernández García