Archivo de la categoría: Botánica

VI Asamblea del Herbario Digital Xabier de Aritzaga (HDXA)

“Cada día deberíamos  regresar al hogar de lejos, de aventuras, peligros y descubrimientos, con experiencias nuevas y el carácter renovado Henry David Thoreau,  “Walden”

El día 29 de enero nos reunimos en Oñati los amigos y simpatizantes del Herbario Digital Xavier de Arizaga.

La organización corría a cargo de Oñatiko Naturzaliak,  cuya cabeza visible, Iker Novoa, nos preparó una salida extraordinaria en un día que resultó templado y agradable.
Desde Sestao, acudieron Javier Elorza, Santi Patino, Jabi Balentzia, Edu Miguel, Eneko Díaz y Begoña Zorrakin.  Desde Iruña Xabi Egurcegi, desde Zumaia Aitor Leiza, desde Gasteiz Antonio González, Juan Pedro Solís, Jose Ramón López Retamero, Pello Urrutia y Carolina Larrosa. En Oñati nos esperaban Iker Novoa, Haizea Agirre, Izaskun Urizabel, Ibai Ugarte, José Ruiz, Jon Ugarte.

 

 

Nos llevaron a explorar el barranco de Jatarube sobre el río Artixa y su precioso bosque de ribera. Como nos explicó  Iker Novoa, es un barranco en zona cantábrica, pero con mucha influencia mediterránea.  El paseo fue muy interesante y de gran belleza y  comenzó tras pasar un puente de vértigo sobre el río siguiendo un canal de agua elevado, que construyeron los alemanes para la central eléctrica que se levantó allí mismo.
Desde el primer momento nos iban señalando todas la cosas interesantes,  un crisálida sobre una planta de Arabis turrita nada más comenzar el recorrido hasta los madroños y enebros en el barranco con zarzaparrilla trepando por los pinos.  Había aún algunos  castaños con los que en el pasado se hacían cestos hasta que una enfermedad producida por hongos en el siglo XIX acabó con la mayor parte, ya que la trasmitían rápidamente las herramientas para cortar las ramas, mientras que en León y Galicia utilizaban sólo las castañas y la infección allí no resultó tan devastadora. Pello también nos explicó las características del paisaje y la vegetación del barranco.

Tras llegar a Urrexola y su peculiar balneario, llegó el momento de ascender hacia un pico de roca caliza para ver la cueva de Aitzulo, la más espectacular de las muchas que hay por la zona.Nos dividimos porque  era una subida fuerte y había planes alternativos.  Los que subieron, la mayoría, regresaron muy contentos porque el paisaje era espectacualar y en la cueva de Aitzulo, además de disfrutar de un entorno mágico, encontraron unas plantitas de Urtica membranacea, que por lo que cuenta Jabier Balentzia, botánico del grupo de Sestao, parece que se daba por extinguida en Gipuzkoa. Los últimos datos serían de hace más de 150 años en Donosti e Irún, y no se había vuelto a encontrar.

Cuatro de nosotros visitamos un barrio de Oñati, muy apartado del resto y de especial interés, el bario de Araotz, lleno de grandes caseríos y prados. Veíamos el Aloña y la sierra del Aitzgorri nevados, tras la iglesia y el frontón, y en la taberna había una reunión de los vecinos del barrio por lo que nos pidieron que estuviéramos silenciosos mientras nos tomábamos un delicioso caldo con un pan casero, ídem. Javier Elorza, también del grupo de Sestao, nos llevó a ver el caserío Elorza, con la efigie de un famoso general, mientras los alaveses contemplábamos  el otro lado de la sierras de Urquilla y Elguea por donde por lo visto eran habituales los trapicheos del contrabando.

 

De allí ,y ya de camino para reunirnos con los demás, visitamos como nos habían recomendado, una ermita dentro de una cueva, que nos maravilló, al lado del río y de una balsa de riego, muy cerca de donde habíamos dejado los coches. Había escaladores en la gran masa rocosa donde se encontraba la cueva  y abundaba una  compuesta en las grietas de la gran mole caliza, el Phagnalon sordidum.

En Arantzazu comimos en  el Sindika, un restaurante con grandes cristaleras sobre los montes y los barrancos que rodean a la basílica, con unas vistas espectaculares; allí pudimos comentar todo tipo de cosas, intercambiar información y disfrutar de una deliciosa y sencilla comida, de las que sientan requetebién.

Nos despedimos bajo los 14 apóstoles de Oteiza, mientras estallaba la lluvia y bajo una luz melancólica y muy vasca, pero con la mente llena de amistad y alegría y con el carácter renovado, como recomendaba Thoreau, el padre de la Ecología.

 
 

Carolina Larrosa

Descubierta en Artziniega (ALAVA) La Mayor “Lorera” del País Vasco

       Kike Pérez de Arriba, guarda de Kanpezu y descubridor de la lorera del barranco de Valderrota, en Kanpezu  (PÉREZ DE ARRIBA & URIBE-ECHEBARRÍA, 2014) me comunicó este gran hallazgo y me puso en contacto con Jesús Enjuto, guarda de Artziniega y descubridor de la población.
      El domingo 10 de octubre acudí a Artziniega y, en compañía de Jesús, pude ver “in situ” la lorera y hacerme una primera impresión de su extensión y estado.
     Las loreras, son poblaciones de loro o laurel de Portugal (Prunus lusitanicus L. ssp. lusitanicus) y constituyen reliquias biogeográficas de los bosques lauroides que cubrían la P. ibérica durante el Terciario.  Sus parientes más cercanos los encontramos en Canarias, Madeira y Marruecos (Prunus lusitanica  L. ssp. hixa (Willd.) Franco) y Azores (Prunus lusitanica L. ssp. azorica (Mouill.) Franco.

En Álava , y en el País Vasco, las loreras son poblaciones muy raras y localizadas. Sólo conocemos las poblaciones alavesas de Altube, barranco de Katxamoiano, donde perviven poco más de media docena de ejemplares, en una ambiente de sotobosque de hayedo acidófilo y la ya citada en Kanpezu, como sotobosque de un carrascal con boj. En ambos casos en microambientes húmedos y abrigados.

 

  La población de la que ahora damos noticia, ocupa la umbría del monte Otsati (515 m), en Artziniega y el abrigado barranco de la fuente de La Fragua. Es una población que se extiende al contiguo Valle de Mena, en Burgos, y ocupa aproximadamente una 30 Ha. entre los 350 y 500 m aproximadamente.
Lo que más me sorprendió de la población, además de la abundancia del Prunus lusitanica, es que viven en el sotobosque de los singulares quejigales atlánticos de Aiala, casi ocultos bajo la impentrable y espinosa cortina que forman las lianas de zarzaparrilla (Smilax aspera L.) al descolgarse de lo alto de los quejigos. Al aclarar una pista para diversas labores forestales se ha podido llegar  a estas poblaciones, hasta ahora de muy difícil acceso.

 

 

El quejigal atlántico de Aiala, es un bosque peculiar, mezcla de los quejigales subcantábricos de la Llanada y de los encinares cantábricos. La ya citada  zarzaparrilla es la que mejor caracteriza estos quejigales y les da un aspecto exuberante que no tienen los quejigales más meridionales. Junto a estas dos plantas pueden aparecer: Quercus robur, Q. ilex, Fraxinus excelsior, Sorbus aria, S. torminalis, Viburnum tinus, V. lantana, Crategus monogyna, Hedera helix, Rhamnus alaternus, Phyllirea latifolia, Arbutus unedo, Corylus avellana, Rubia peregrina, Tamus communis…etc

 

Es de agradecer la magnífica predisposición de Jesús ,el guarda, a proteger y cuidar esta lorera. Esperemos que los vecinos y los responsables administrativos estén a la altura en la conservación de este hallazgo.


* PÉREZ DE ARRIBA , E.& URIBE-ECHEBARRÍA, P.M. (2014). Presencia de Prunus lusitanica L. subsp. lusitanica (Laurel de Portugal o Loro) en la cuenca alta del río Ega. Flora montibérica 58:34-44.

 

Texto y fotos: P. Urrutia

El Desconocido Valle de Lana, en la Sierra de Lokiz, Navarra

Comenzó la temporada de salidas oficiales del grupo de botánica dedicado a nutrir el Herbario digital Xabier de Arizaga el último domingo de mayo con una salida fascinante al monte Arnaba, ascendiendo desde Narcué, uno de los  cinco pueblecitos sembrados en este valle secreto, recoleto y ahora tapizado de verde y de flores, el valle de Lana, en Lokiz, muy cerca de la frontera con Álava. Se le conoce también por allí como valle de los rusos porque se llenaba de nieve en invierno y se quedaba totalmente incomunicado, como si fuese Siberia…

Tuvimos la suerte de que un socio del IAN con casa en Narcué se había ofrecido a hacernos de guía en la ascensión al monte Arnaba y nos condujo alegremente por el mejor camino del bosque hasta los altos del circo rocoso y calizo donde pasaríamos el día recorriéndolo y explorando. El, claro, no sabía lo que le esperaba. Un valiente guipuzcoano que también disfrutó mucho con la floración espectacular del praderío y el roquedo en mayo.

 

 

Era muy temprano y el día estaba aún fresco y soleado.  Nada más arrancar la ascensión desde Narcué surgió la perla de los descubrimientos botánicos del día:  apareció una planta parásita del enebro, la Arceuthobium oxycedri, a 782 metros de altura, algo inesperado que hizo exclamar mucho a Pello y a su descubridor, Antonio, con su ojo de halcón, que no se le escapa una. No estaba en flor, es pequeña y además, verde sobre verde. Ninguno de los demás la hubiéramos mirado dos veces—adjunto foto—  Pues bien,  hay que regresar cuando esté en flor; pequeña pero matona. Desde ahora vamos a mirar los Juniperus oxycedrus con otros ojos, mucho más atentos.

El monte Arnaba resultó ser un quejigal con boj  que en las alturas se convirtió en un hayedo con boj. La gran panorámica sobre el valle de Lana, con la sierra de Cantabria al fondo y su León dormido, también nos permitía observar todos los pueblecitos del valle y el carrascal con boj que habíamos dejado atrás al salir de Narcué. Pello se prometía visitarlo por la tarde pero los altos de nuestro impresionante roquedo calizo dieron para ocho horas de recorrido,  y con vistas en su cima hacia el otro lado del monte: el valle de Larraona.

El camino y las rocas de las alturas estaban tapizados con las flores de sus plantas. Los azules y morados ganaban por goleada, pero nos retratamos al lado del guillomo en flor, que junto con el espino albar cubren los lugares de blanco níveo. No os quiero dar más envidia porque en realidad el trabajo del botánico es arduo y no consiste en quedarse mirando esas flores y plantas embobados mucho tiempo, que ya las tenemos introducidas y bien documentadas en el Herbario, sino otras menos fáciles y por cuyo descubrimiento nos habíamos subido hasta allí y pasamos la tarde andando sobre graveras empinadas por las que al final del día hubo que bajar resbalando, algo agotador.

En los momentos de más peligro y mayor tensión nerviosa por el cansancio, algún botánico me decía: Carolina, mira, mira el serbal en flor, allí, detrás de aquellos árboles, como si una pudiese despegar la mirada del suelo, siempre a punto de desamorrarme en esos trances. Al final me tuvo que ayudar una familia de montañeros que pasaban por allí y que me adoptaron.  Gracias a Antonio que apareció a buscarme, ascendiendo de nuevo por la agotadora cuesta de la gravera,  y llevarme donde los demás, que son como cabras, ágiles y flexibles, siempre jóvenes cuando se trata de tirarse por sitios donde el  mismísimo alimoche nos miraba, curioso, cerca , cerca. Era un pollo de cuidado.

 

 

Fue inolvidable, en verdad, y como ya dije antes, hay que volver a intentar cazar en flor a la parásita aquella. Además en la gravera, hábitat muy duro para cualquiera, Pello descubrió otra planta interesante pero no pudimos fotografiarla porque en ese momento estalló la tormenta que habían anunciado para horas antes y que tuvo la decencia de esperar hasta muy tarde y refrescarnos aquel sudor de la ardua bajada.

Llegamos a casa doce horas después de haber salido, con dolor  de rodillas y de pies, felices y con los ojos llenos de flores montanas de mayo, directos a la cama, seguro, aunque a Pello le dio tiempo y ganas, no sé como lo hace, en verdad, de mandarme esa misma noche  la lista con las plantas nuevas del día, fotografiadas para el Herbario, ordenadas por alturas y hábitats. Las adjunto al final y os aseguro que  las recuerdo como si fuesen primas nuestras de un pueblo lejano, a quien no ves todos los años por ello, ya que cada planta logró hacer corrillo a su alrededor y nos hincó de rodillas con las narices metidas en el prado, en las rocas, en el cáliz con insecto, y ese fue nuestro descanso. Y es que, como decía Ernestina Campucin, “¡Es tan fácil atar el corazón con flores! “

Y aquí están esas que ataron el nuestro y fotografiaron nuestros botánicos con el rigor y el mimo que les caracteriza, todas a gran altura, llegando hasta los 1.200 metros del inolvidable monte Arnaba, pero cubriendo su diferentes hábitats:

 

– Medicago suffruticosa
– Iberis sp.
– Androsace villosa
– Arum cylindraceum
– Cerastium arvense
– Pedicularis comosa ssp. schizocalyx
– Scrophularia crithmifolia ssp. burundana

Veréis si lo consultáis, que ya están incorporadas al Herbario digital.

Carolina Larrosa