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Restos de oso en Álava-Araba

Dispersión de las principales cavidades con restos de úrsidos
en el territorio histórico de Álava-Araba y en las áreas limítrofes.

Mi nombre es Aritza Villaluenga, soy Doctor en Prehistoria por la UPV-EHU y el tema de mi investigación doctoral fue la presencia de úrsidos en cavidades del Cantábrico Oriental durante el Pleistoceno Superior y Holoceno.

Entre los meses de septiembre y diciembre de 2012, realicé un estudio de investigación en la sede de la asociación, en el antiguo Seminario de Vitoria. Este trabajo fue financiado por el programa de “Becas de Investigación del Patrimonio Cultural Alavés” de la Diputación Foral de Álava-Araba.

El tema de este estudio fue un acercamiento multidisciplinar (arqueozoológico, paleontológico y tafonómico) a la presencia de úrsidos en cavidades de la provincia de Álava-Araba y zonas limítrofes de: Burgos, Bizkaia, Gipuzkoa y Navarra. Como todos aquellos que conocen la asociación pueden suponer, este material ha sido recolectado por Mario Laurino durante las últimas cuatro décadas.

La colección estudiada se compone de unos 4960 restos óseos y dentales, de los cuales en este estudio hemos analizado en detalle 2798. La mayoría del conjunto esté formado por restos de oso de las cavernas (Ursus spelaeus), siendo menos frecuente el oso pardo (Ursus arctos).

Cráneo de Ursus spelaeus hallado en una cueva 
del Gorbea. 

 

La presencia de ambas especies nos indica acumulaciones que se desarrollaron durante el Pleistoceno Superior y Holoceno. Esto equivaldría a un amplio lapso de tiempo (120.000 años -siglo XIX, momento en el que fueron cazados los últimos osos en este territorio), que en un futuro podría ser acotado mediante la datación directa de alguno de estos restos.

En total, hemos podido identificar la presencia de restos óseos de estos animales en un total de 25 cuevas, lo cual supone un aumento significativo de los lugares citados hasta el momento en el sector oriental de la Cornisa Cantábrica.

Cráneo de Ursus arctos hallado en el norte de Álava-Araba.

La dispersión de estas cuevas está ligada a aquellos entornos kársticos en los que la presencia de cuevas y el hábito de los úrsidos por hibernar en su interior han permitido que restos de estos animales se hayan conservado durante milenios en su interior. Así, podemos ver cómo la presencia de los plantígrados es muy abundante en la franja norte de la provincia, mientras que están ausentes en el extremo meridional. Esta dispersión sólo es reflejo de la geología, ya que la ausencia de cuevas en la mitad meridional de Álava-Araba, especialmente en el valle del Ebro, no ha propiciado la conservación de restos de los osos, que con total seguridad habitaron éste área.

Este trabajo ha sido un acercamiento preliminar a una línea de investigación paleoecológica y paleontológica más amplia. Ésta utiliza a los osos y a los macromamíferos como testigos de los cambios medioambientales ocurridos en la Cornisa Cantábrica e incluso el norte de la Península Ibérica durante el Pleistoceno Superior y Holoceno inicial. Este estudio encaja dentro de un marco general más amplio como es el estudio del Cuaternario. Así el análisis de la fauna se ha convertido en una disciplina imprescindible para comprender la evolución humana en nuestro entorno más cercano.

Para finalizar, quiero agradecer a Mario y a Nick la ayuda prestada para poder realizar este estudio.

 
 
Texto y fotografías: Aritza Villaluenga.

NARCISOS

 El pasado 9 de febrero, a las 5 de la madrugada, partimos los socios del IAN, Jesús Mendivil, Antonio González y Juan Pedro Solís, bajo la dirección de Pello Urrutia a la caza de nuevas especies de Narcissus para completar el herbario digital. Después de un opíparo desayuno y con un tiempo casi primaveral, llegamos al coto de caza Valdelapedriza, en Piedrabuena (Ciudad Real), donde, después de convencer al guarda y de un paseo de 6 km, localizamos las especies listadas al final del texto. Al regreso nos cruzamos con una reata de ciervas y comimos con apetito bajo un pinar.

Esa misma tarde localizamos, en Puebla de Don Rodrigo el N. confusus. Después de un largo viaje y muchas curvas, pudimos descansar en el bello santuario de Nuestra Sra. de la Cabeza, patrona de Andujar, Sierra Morena y Jaen.
Ya el dia 10, en el mismo santuario, localizamos el N. cantabricus y la Gagea durieui, en todo su esplendor. Después del desayuno, y acompañados por los guardas forestales del parque natural de Lugar Nuevo-Selladores, localizamos una buena remesa de especies aquí reseñadas, con el remate de un buen almuerzo en la ribera del río Jándula.
A la tarde, y después de un largo viaje por carreteras comarcales, de pésimo firme pero estupendo paisaje, nos cruzamos con una gran manada de ciervos con una preciosa cornamenta. Ya en el monte Jarabancil, de Vilches, después de mucho buscar, y con gran emoción, encontramos “un caso de libro”, como decía Pello, el híbrido N. x tuckeri (N. fernandesii x N. hedraeanthus). Ya atardeciendo, partimos sin pausa hasta San Lorenzo del Escorial, donde, después de un viaje con muchas adversidades climatológicas, pudimos descansar en el estupendo albergue juvenil, lo que nos rejuveneció al instante.
El día 11 amaneció todo nevado, lo que nos hizo temer un mal viaje, pero en Vegas del Matute (Segovia), nos sonrió de nuevo la fortuna y el olfato botánico de Pello y localizamos el N. cantabricus. Ya al atardecer, y bajo un frío intenso, dimos una vuelta por el monte Peña Cuerno, en Pradales (Burgos) para preparar una próxima salida. Después de 1700 km y muchos bellos paisajes en la retina y en el corazón, llegamos a casa con ganas de repetir la experiencia.



Registro botánico:
Día 9/02/2013

Piedrabuena (CR): finca Valdemarcos, arroyo Valdelapedriza, encinares-jarales silicícolas sobre cuarcitas
Narcissus bulbocodium ssp. bulbocodium
N. triandrus ssp. pallidulus
N. x rozeirae (Narcissus bulbocodium ssp. bulbocodium x N. triandrus ssp. pallidulus) (en la foto adjunta con sus parentales)
 
Puebla de Don Rodrigo (CR): Fuente de la Garganta del Buen Agua, arroyos en claros de encinar silicícola
N. confusus
Día 10/02/2013

Andújar (J): Sª de Andújar, Santuario de Nª Sra. de La Cabeza
N. cantabricus
Gagea durieui

Andújar (J): Sª de Andújar, Lugar Nuevo, El Coscojar, plantaciones de Pinus pinea, arenas cuarcíticas.
N. fernandesii
N. triandrus ssp. pallidulus
N. x incurvicervicus(N. fernandesii x N. triandrus ssp. pallidulus)
N. bulbocodium ssp. bulbocodium
N. x abilioi (N. fernandesii x bulbocodium ssp. bulbocodium)
Astragalus lusitanicus(garbanzuelo)

Vilches (J): Monte Jarabancil, coscojar-lentiscar
N. fernandesii
N. hedraeanthus
N. x tuckeri (N. fernandesii x N. hedraeanthus)
Día 11/02/2013

Vegas de Matute (Sg), Peña La Colmena, repisas en claros de carrascal calcícola
N. cantabricus


Texto y fotografías: Juan Pedro Solís

En busca del quebrantahuesos perdido


“¿Llamas a esto Arqueología?”
Dr. Henry Jones en Indiana Jones y la última Cruzada
En 1918 veía la luz el Catálogo de las aves observadas en Guipúzcoa y Vizcaya, publicado por Julián Aldaz y Emazabel en las Memorias de la Real Sociedad Española de Historia Natural. Bien pudiera considerarse éste el inicio del conocimiento ornitológico en el País Vasco, ya que los naturalistas británicos y alemanes que durante la segunda mitad del siglo XIX habían abordado la descripción de la avifauna española apenas viajaron por estos lares, y sólo Wilkomm dejó anotaciones fugaces. Tampoco es que el panorama en otras regiones fuera brillante, pero al menos Andalucía, Levante, la Meseta sur, la Cordillera Cantábrica y Pirineos captaron la atención de algunos ornitólogos europeos que, a caballo entre el interés científico y el exotismo aventurero, elaboraron estudios y síntesis de gran valor. Aldaz se situó en la órbita de los científicos que, como Graells, Reyes o Arévalo, habían empezado a trabajar años antes en el “moderno” inventario del patrimonio ornitológico.
Imagen del gabinete de historia natural del Colegio de los PP
 Jesuitas de Orduña, hacia 1930. Con una flecha se señala el ejemplar
disecado que suscitó la cuestión. Fotografía cedida por Joseba Egiguren.
En el apartado que dedica en su Catálogo al “Gypaëtus barbatus Temm.” Aldaz relata que, en junio de 1912, fue capturado en la Peña de Orduña una cría de esta especie, recién salida del nido: este ejemplar fue criado durante un año por el R. P. Valentín Mayordomo, profesor de Historia Natural del Colegio de los PP. Jesuitas de aquella localidad, en cuyo museo se halla actualmente disecado. Encontré este pasaje hace años, buscando información sobre distribución histórica de especies de fauna, y me pareció enormemente interesante al certificar la presencia del quebrantahuesos en un lugar y un tiempo tan concretos. Sobre las causas que provocaron su extinción posterior en las Montañas vasco-cantábricas no podemos estar totalmente seguros pero, sin pretenderlo, Aldaz dio pistas al mencionar que sólo en Guipúzcoa conocía cinco ejemplares que habían sido capturados en esos años.
Casi un siglo después de Aldaz, la memoria del quebrantahuesos intenta ser restituida en el marco de la conciencia conservacionista de nuestra época. Interesa saber dónde y cómo vivía el buitre-águila porque indagar en el pasado ayudará a comprender el presente, pero también a modificarlo y a buscar mecanismos de convivencia entre humanos y vida silvestre. Llegan tiempos para la recuperación activa de la biodiversidad, y los proyectos de favorecimiento y restauración de poblaciones deben ser punta de lanza de la conservación. La regeneración –natural o asistida- de la población vasco-cantábrica de quebrantahuesos es un loable empeño, y cuantos más datos y conocimientos se pongan encima de la mesa, más cerca se estará de lograr el objetivo.
Así que Mario Corral, Gustavo Abascal y un grupo de naturalistas de Ayala se han propuesto rescatar del olvido al viejo quebrantahuesos de Sálvada. Entre otras tareas, pretenden localizar emplazamientos de nidos e identificar los posibles restos que contengan. Pero cuando Mario y yo hablamos sobre el quebrantahuesos de Aldaz, recordó que el periodista Joseba Egiguren podría quizá arrojar luz sobre el posible mantenimiento actual de los restos del ave. Pero la consulta se saldó con una negativa. La Orden fue expulsada de Orduña en 1932 y el colegio quedó abandonado, en 1936 se convirtió en cuartel militar, en 1939 en prisión, en los años 50 quedó en ruinas, en los 60 lo adquirió otra Orden religiosa… Sin embargo, Joseba proporcionó un interesante documento: una fotografía del gabinete de historia natural del colegio, sin fecha precisa pero necesariamente tomada en torno a 1925-1930. ¿Y si…?
A primera vista, la sección zoológica del gabinete estaba compuesta por piezas de varios continentes, sin duda recogidas por misioneros de la Orden. Algunas especies se identifican razonablemente: marabúes, aves del Paraíso, anhingas, buitres leonados… Al fondo de la estancia, sobre un armario, se vislumbra un ave de buen tamaño, en la que contrastan la cabeza y el cuello, muy oscuros, con el pecho y las partes inferiores claras. Las alas entreabiertas dejan ver la cara interior, también oscura. Las patas parecen bien emplumadas. El ejemplar está mirando al frente, a pesar de los cual se intuye el perfil estilizado de su cabeza. A su izquierda y muy cerca, sobre una peana, se yergue un buitre leonado, y esta afortunada disposición permite apreciar que el sujeto-problema es de mayor tamaño. Su morfología, postura y proporcionalidad sugieren inmediatamente una rapaz diurna, y no hay muchas especies de este grupo que combinen la coloración del plumaje mencionada. El águila marcial africana Polemaetus bellicosus es una posibilidad, pero sería más pequeña que un buitre y su cabeza más masiva. El águila harpía Harpia harpyja de las selvas centro y sudamericanas es otra, pero la cara interior de las alas sería blanquecina, la cabeza grisácea y las plumas negruzcas del cuello deberían extenderse hacia la pechera. Entre las grandes rapaces, el plumaje de segundo año del quebrantahuesos es el que más se asemeja a los caracteres del ejemplar de Orduña. Esta especie presenta progresivos cambios que permiten discernir la edad hasta que, con 6-7 años, las aves adquieren su librea adulta definitiva.
El infortunado pollo desnidado en Orduña en 1912 fue mantenido vivo en cautividad durante un año, hasta que pasó a engrosar la colección del gabinete, lo que encaja satisfactoriamente con el plumaje descrito. Ciertamente la tonalidad de pecho y abdomen está excesivamente aclarada, aunque una mala conservación del espécimen naturalizado podría explicarlo. Decidí encuestar a cinco expertos ornitólogos sobre la identidad del ave. Cuatro de ellos estuvieron de acuerdo en que pudiera tratarse de un quebrantahuesos juvenil. El quinto prefirió otra posibilidad, pero quiero pensar que su desmarque se debió más a su acentuado espíritu competitivo, al enterarse de que no había premio en este improvisado concurso.
Quebrantahuesos juvenil de primer-segundo año.
 Dibujo de Xavier Parellada en www.quebrantahuesos.org
No creo que pueda asegurarse, ni descartar por completo otras alternativas. De hecho, sería enriquecedor recibir opiniones de los lectores de este blog. Pero es fascinante pensar que fuera posible conectar de esta forma dos testimonios históricos independientes, tinta impresa y fotografía en sepia. Aunque se trate de un hallazgo anecdótico, no carece de atractivo: los fantasmas del pasado se vuelven tangibles por un momento. Quizá éste no fuera el primer quebrantahuesos ibérico documentado gráficamente. Quizá tampoco fuera el último que contempló Orduña y Ayala desde su nido en la Peña. Quizá en años o décadas venideras los quebrantahuesos pirenaicos recolonicen estas sierras. Demasiadas incertidumbres para naturalistas meticulosos y racionales como Aldaz.  
Texto: José María Fernández García
Para profundizar en el mismo tema, leer ¿Es este el quebrantahuesos de la Peña de Orduña?