Finalmente, tras la suspensión en la fecha prevista por mal tiempo, el pasado domingo 16 de junio pudimos realizar la salida de “Mariposas como indicadores” por el bosque de Armentia. Fueron media docena las entomólogas que junto con el organizador se animaron a conocer un poquito más sobre estos bellos insectos, que primavera tras primavera se empeñan en colorear un mundo cada vez más gris.
Aunque el día salió casi perfecto para la observación de insectos, la primavera atípica de este año parece haber hecho mella en algunas especies, que cuanto menos, les ha supuesto cierto retraso en la aparición de los imagos o adultos. Aun así, pudimos disfrutar de la observación de varias de ellas. Cabe mencionar a Arantxa, que demostró gran destreza con la manga entomológica. Aunque también hubo bastantes lances en los que estos aparentemente despreocupados pero escurridizos voladores se burlaron de tan abnegadas naturalistas.
Lo que más pudimos observar fueron Piéridos (blancas y amarillas), Pieris brassicae, P. napi, P. rapae, Gonepteryx rhamni y sobre todo Colias croceus, sorprendiendo la gran cantidad de individuos de forma hélice. Al cabo de la marcha pudimos dar con representantes de todas las grandes familias, Satíridos (marrones); Maniola jurtina, Pararge aegeria,
Coenonympha arcania, Ninfálidos; Issoria lathonia, Licénidos (azules) Polyommatus icarus, y Papiliónidos; Iphiclides podalirius. Aunque la principal protagonista de la jornada fue un ejemplar precioso de mariposa nocturna, Phalera bucephala, poseedora de un sofisticado mimetismo de ramita rota de abedul y que posó con la profesionalidad y paciencia de la más prestigiosa topmodel.
Hoy es 20 de noviembre y las temperaturas excesivamente benignas que estamos teniendo durante las últimas semanas en el norte de la península ibérica, hacen posible que aún mis jardineras estén floridas de geranios. El follaje de estos luce verde y sano, lo que me alegra enormemente. Lo normal a estas alturas, es que ya se encuentren marchitos por el frío y las heladas de Vitoria-Gasteiz, pero apenas ha helado en lo que llevamos de mes. Esta circunstancia, preocupante por una parte por lo que significa, me ha dado la oportunidad de ver y disfrutar aún de una mariposa muy particular, de un pequeño licénido originario de África austral y que aún revolotea por mis tiestos.
A priori, podría parecer inverosímil, que una mariposa africana pudiera resistir nuestro clima a estas alturas del año, pero estamos teniendo un último tercio de año excesivamente cálido en Vitoria. Además, la especie “ha venido para quedarse”.
Entre los especialistas ya no hay ninguna discusión en considerar a Cacyreus marshalli como especie de nuestra fauna. Yo mismo la vengo observando desde el año 2006. Y año tras año, cada vez es más abundante en nuestras balconadas y jardineras urbanas.
La especie se detectó en la península Ibérica por primera vez a finales de los ochenta y desde entonces se ha citado en muchas localidades. Cada año va ampliando su distribución, y aunque está ligada a especies de los géneros Geranium y Pelargonium ornamentales, o lo que es lo mismo, a nuestros pueblos y ciudades, el salto a la naturaleza es cuestión de tiempo. Sobre todo, teniendo en cuenta que aún no tiene enemigos naturales como en su lugar de origen, donde la frenan parasitoides y hongos. Por si esto fuera poco, nuestra amiga es polivoltina, lo que nos puede dar una idea de las muchas posibilidades que tiene para sobrevivir. Es decir, el adulto pone el huevo en los geranios, las larvas se internan en los tallos y capítulos florales de la planta para alimentarse y desarrollarse, salen de ellos para crisalidar y posteriormente emerge el imago para volver a empezar el ciclo. Así hasta cuatro o cinto veces al año. Por lo tanto no es extraño observarla en nuestra latitudes desde principios de primavera hasta avanzado noviembre ininterrumpidamente.
Es considerada una plaga por los jardineros. Por internet podéis encontrar mucha más información.
Los machos y las hembras son externamente iguales. Anverso de color marrón oscuro sin marcas excepto un punto negro orlado de blanco en las alas posteriores, junto a la base de la cola. Con fimbrias ajedrezadas en los bordes exteriores de las alas. Reverso pardo claro con un intrincado dibujo de franjas oscuras y claras que la mimetizan con el entorno cuando está posada. Envergadura alar de 20 a 28 mm.
La especie pasa nuestros inviernos introducida en los tallos de la planta huésped en forma de larva o enterrada en el suelo en forma de crisálida, esperando que las temperaturas sean favorables para emerger. De esta forma se perpetúa año tras año en nuestras macetas.
Así que ya lo sabéis, si veis revoloteando y/o posándose a una pequeña mariposa de color pardo sobre vuestros geranios, se tratará casi seguro de Cacyreus marshalli.
El día 16 de octubre tuvo lugar la actividad ‘La lechuza y el naturalista’. El objetivo era por un lado dar a conocer la estrecha relación que la une al naturalista y, por otro lado,saber un poco más sobre sus hábitos y los principales problemas a los que se enfrenta en
la actualidad.
La Lechuza común (Tyto alba) es una especie con una distribución muy amplia en el territorio. Sin embargo, no utiliza todos los hábitats por igual, ya que generalmente evita los ambientes forestales y también los de altitud elevada. Típicamente, se encuentra más ligada a zonas humanizadas, a áreas agrícolas, a campiñas, a pueblos e incluso ciudades. Por este motivo y por su costumbre de utilizar edificios para cobijarse y nidificar, la lechuza es un ave bien conocida a nivel popular.
En la actualidad, sin que pueda hablarse de especie amenazada, no es tan común como antaño. Escasea o ha desaparecido del interior de las ciudades y pueblos mayores, y en el ámbito netamente rural cuesta cada vez más detectar lugares ocupados por lechuzas.
Tradicionalmente las lechuzas se han instalado en edificios (iglesias, viviendas aisladas, casas abandonadas, graneros) que tuvieran acceso fácil a través de tejados, cubiertas o muros, y les proporcionaran tranquilidad para el reposo diurno y la cría. La renovación y restauración de muchos de estos edificios conlleva el cierre de huecos y aberturas, lo que imposibilita a las lechuzas seguir utilizándolos. De esta forma, las parejas tienen que buscar otro lugar donde vivir, donde posiblemente sean más vulnerables frente a predadores o frente al acoso humano.
La lechuza es uno de los mejores aliados del investigador que desea conocer la composición de la fauna de micromamíferos de una localidad. Es muy costoso estudiar este tipo de animales, pero la lechuza ejerce como involuntario ayudante en esta tarea, ya que regurgita los restos no digeribles de sus presas en forma de pequeñas bolas llamadas egagrópilas. Y éstas contienen cráneos y mandíbulas que pueden ser fácilmente identificados, de manera que la vía más rápida y eficaz para averiguar qué especies de ratones, topillos y musarañas viven en una localidad es buscar un posadero de lechuza, recoger sus egagrópilas y analizarlas.
La actividad comenzó por la mañana. El día amaneció gris, pero a pesar de ello un grupito de socios y socias del IAN se animaron y bicicleta en mano recorrimos variospueblos próximos a Vitoria, haciendo paradas en las iglesias para detectar habitantes no humanos. En primer lugar paramos en Yurre, donde pudimos observar que la iglesia estaba habitada al menos por el Cernícalo vulgar, del cual encontramos algunas egagrópilas. Una mujer del pueblo nos comentó que la lechuza también andaba por allí, aunque nosotros no encontramos ningún indicio en el exterior de la iglesia. Luego seguimos hasta Aranguiz, donde descubrimos una enorme iglesia con mucho encanto, con las paredes cubiertas de hiedra y multitud de recovecos para la fauna. Seguimosdirección Foronda y llegamos hasta la iglesia de Artaza de Foronda, donde encontramos un posadero de Lechuza y pudimos recoger varias egagrópilas; también observamos egagrópilas de Cernícalo vulgar. De esta manera pudimos comprobar las diferencias de tamaño, forma y tipo de contenido de cada egagrópila, lo que nos sirve para saber a que especie pertenece. Después de un merecido descanso volvimos a Vitoria, pedaleando mucho más rápido que a la ida debido a la lluvia que comenzaba a caer.
Por la tarde se realizó un taller para analizar las egagrópilas de la lechuza y aprendera identificar su contenido. En primer lugar se disgregaron en seco las egagrópila con ayuda de pinzas, separando las estructuras óseas de las presas consumidas. Posteriormente se seleccionaron los cráneos y mandíbulas de los micromamíferos, a través de los cuales pudimos ver las diferencias que existen, en especial en las piezas dentarias entre ratones, topillos y musarañas. Para ello se utilizaron lupasbinoculares y unas claves de determinación apropiadas. El contenido estaba compuesto principalmente de micromamíferos, pero también pudimos comprobar la presencia de aves depredadas.
Texto y fotos: Nerea Ruiz de Azua
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