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Una nueva localidad para el Nenúfar blanco en Álava

A finales de agosto, aún podían verse unas pocas flores de nenúfar

El pasado día 3 de agosto, en el curso de una serie de muestreos dirigidos al estudio de la fauna de odonatos del parque natural de Izki y su entorno, pude localizar una nueva población de nenúfar blanco Nymphaea alba, la segunda conocida en la actualidad en la Comunidad Autónoma Vasca.

Esta especie acuática de grandes hojas flotantes y vistosas flores blancas se extiende por Europa, el norte de África y Asia occidental. En la Comunidad Autónoma Vasca existen algunas citas antiguas en Álava y Vizcaya, pero en las últimas décadas la única localidad conocida era la laguna de Olandina, cerca de Vírgala, en la Montaña Alavesa.

A unos 900 m de esta laguna se localiza una pequeña charca que ocupa una profunda zanja excavada en mitad de una finca de cultivo. Con unas dimensiones de aproximadamente 30 x 2 m, se halla rodeada de un cerrado matorral en el que dominan las zarzas Rubus sp. y los cornejos Cornus sanguinea, con algunas manchas de espadañas Typha angustifolia en las orillas.

Cuando en agosto me asomé a este modesto humedal en busca de libélulas, cuál no sería mi sorpresa al descubrir la superficie del agua cubierta por un buen tapiz de nenúfares blancos. Tras ponerme en contacto con los botánicos del IAN Pedro Uribe-Echebarría y Pello Urrutia, éstos me confirmaron que se trataba de una población desconocida hasta ahora.

Imagen de la densa vegetación que bordea la charca

A pesar de su cercanía a Olandina, el hallazgo de esta nueva localidad reviste un especial interés para la conservación del nenúfar blanco. No en vano, la rareza y extrema localización de las poblaciones de esta planta ha motivado que se aconseje su inclusión en el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas en la máxima categoría de amenaza: En peligro de extinción (Uribe Echebarría, 2008). La población de Olandina se halla en regresión, ya que hasta hace pocos años se extendía por las dos cubetas en las que se divide la laguna en época de estiaje, y hoy día ocupa solamente una de ellas, posiblemente como consecuencia de la acción de dos especies alóctonas presentes en la laguna: el cangrejo rojo Procambarus clarkii y la carpa Cyprinus carpio. En la nueva localidad descubierta no se han hallado especímenes de estos animales, lo que supone una buena noticia para su futuro.

Los pequeños y desconocidos humedales del diapiro de Maestu constituyen enclaves de gran singularidad en un entorno dominado por los campos de cultivo. A pesar de ello, no gozan de ningún tipo de protección y varios de ellos han sido rellenados en los últimos tiempos. El nenúfar blanco es sólo una muestra de los destacados valores naturales que albergan, y que deberían servir para concederles la consideración social que merecen y garantizar su conservación.

José Antonio Gainzarain

REFERENCIA

URIBE-ECHEBARRÍA, P. M. 2008. Informe técnico para la inclusión de la planta vascular Nymphaea alba L. en el Catálogo vasco de especies amenazadas. Informe inédito para el Servicio de Medio Ambiente y Biodiversidad de la Diputación Foral de Álava

CURSILLO DE IDENTIFICACIÓN DE LIBÉLULAS

El pasado 11 de julio tuvo lugar el curso de identificación de libélulas, que comenzó en los locales del IAN con una sesión teórica en la que, mediante una proyección de diapositivas, se explicaron las características principales de este grupo de insectos y se mostró la diversidad de especies presentes en Álava. Asimismo, las fotografías sirvieron para practicar el manejo de las claves de identificación disponibles en el apartado de Recursos de la página web del Instituto.

Tras esta sesión, los dieciocho participantes en el cursillo, provistos de prismáticos y cazamariposas, nos dirigimos a Garaio, en el embalse de Ullibarri, con el fin de disfrutar ahora en vivo de la belleza de estos animales y practicar en su identificación. En Garaio pudimos localizar un total de ocho especies, entre las que destacó por su abundancia el caballito del diablo Enallagma cyathigerum, y por su espectacularidad la poderosa Anax parthenope.

Después de Garaio nos dirigimos al puerto de Opakua, en cuyas inmediaciones, a 1000 m de altitud, se sitúa la balsa de Iturbaz, enclavada en un hermoso paraje y con una notable riqueza de odonatos. Tras comer a la sombra de un haya, proseguimos con la materia del cursillo y para ello nos dividimos en grupos, cada uno de los cuales debía emplear las claves para elaborar un listado de las especies de libélulas y caballitos del diablo presentes en la balsa. A pesar del asfixiante calor, los equipos se emplearon a fondo, y costó convencerles de que dejaran prismáticos, cámaras de fotos y cazamariposas para poner en común los resultados. La atracción que estos insectos ejercen sobre quien empieza a conocerlos se puso claramente de manifiesto. Un total de nueve especies fueron catalogadas, entre las que Libellula quadrimaculata y Coenagrion puella resultaron las más abundantes.

Para finalizar la jornada nos encaminamos a La Leze, en busca de especies propias de ríos, y en el arroyo que sale de la cueva pudimos observar a Calopteryx virgo y Cordulegaster boltonii, las dos especies más características de los tramos altos de los ríos alaveses.

Y, como recordatorio de lo observado en esta jornada, cada participante recibió más tarde, a través del correo electrónico, un documento en pdf con las fotografías de los odonatos presentes en cada uno de los enclaves visitados. También se les envió una relación de páginas web sobre libélulas, para poner a su disposición más información acerca de estos fascinantes seres.

Texto y fotos: Josean Gainzarain

Francia, el río Adour y el mar

Despedimos la primavera con una salida a las tierras francesas del Adour, cerca de Bayonne, y comenzamos la jornada en el Pays de Seignaux, en la ribera del río Adour, en plena campiña. Buscábamos los bosques de alisos inundados, que encontramos fácilmente partiendo del pueblecito de Saint-Barthélemy, donde identificamos muchas plantas de lugares húmedos. Anduvimos por las alisedas, donde también había robles y fresnos, y el nivel de las numerosas lagunas estaba altísimo; así pasamos la mañana en un ambiente húmedo, verde y muy atlántico manejando las claves continuamente y dando largos paseos exploratorios. Logramos que no se mojase el libro de las claves botánicas que podía haber acabado fácilmente en el agua con nosotros haciéndole compañía dada la inestabilidad de las pasarelas que encontramos.


A la hora de comer, en un prado más seco, empezaron las sorpresas. Allí había una florecita azul hermosísima, menuda y estrellada, rara, rara, porque nadie la había visto nunca. Resultó ser una Sisyrinchium angustifolium (ver foto) y abandonamos aquella zona muy satisfechos tras la identificación. Nos dirigimos al lago de Yrieu, acercándonos al mar.

Allí recorrimos el lago por un caminito boscoso de robles y alcornoques, además del laurel-cerezo, y encontramos una Rosacea que parecía que daba fresones pero era Duchesnea indica.
En seguida identificamos otra rareza, superviviente del cuaternario y endémica del Golfo de Vizcaya, Myrica gale, que se encontraba en el sotobosque. El paseo por suelo arenoso fue una delicia ya que además volaban las libélulas y había unos insectos azul turquesa que parecían joyas. De allí decidimos acercarnos al mar y a los arenales de un lugar llamado Ondres, lleno de inmensas dunas, que nos mantuvieron francamente atareados, ya que se encontraban plagadas de endemismos del Golfo de Vizcaya y que hicieron nuestras delicias. La primera fue el Thymus praecox subsp. britannicus, formando coloristas manchas en la arena y luego ya fue un no parar; encontramos unas clavelinas muy exóticas y perfumadas de color lila que resultaron ser Dianthus hyssopifolius subsp. gallicus. Todos nos volvimos a postrar ante la Silene uniflora thorei, otro endemismo, que junto a muchos más nos motivó a seguir trabajando hasta que la tarde empezó a declinar y hubo que pensar en el regreso.

Nos tomamos unas cañas mirando al mar en un chiringuito de Ondres antes de emprender el camino a casa, donde ya en tierras alavesas pudimos admirar una puesta de sol magnífica, y supimos que íbamos todos a caer rendidos tras cuatrocientos kilómetros de carretera, en la noche más corta que anunciaba ya el verano y que nos había ofrecido uno de sus días más largos.

Texto y fotos Carolina Larrosa