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LA LECHUZA Y EL NATURALISTA

El día 16 de octubre tuvo lugar la actividad ‘La lechuza y el naturalista’. El objetivo era por un lado dar a conocer la estrecha relación que la une al naturalista y, por otro lado,saber un poco más sobre sus hábitos y los principales problemas a los que se enfrenta en
la actualidad.

 

La Lechuza común (Tyto alba) es una especie con una distribución muy amplia en el territorio. Sin embargo, no utiliza todos los hábitats por igual, ya que generalmente evita los ambientes forestales y también los de altitud elevada. Típicamente, se encuentra más ligada a zonas humanizadas, a áreas agrícolas, a campiñas, a pueblos e incluso ciudades. Por este motivo y por su costumbre de utilizar edificios para cobijarse y nidificar, la lechuza es un ave bien conocida a nivel popular.

 

En la actualidad, sin que pueda hablarse de especie amenazada, no es tan común como antaño. Escasea o ha desaparecido del interior de las ciudades y pueblos mayores, y en el ámbito netamente rural cuesta cada vez más detectar lugares ocupados por lechuzas.

 

Tradicionalmente las lechuzas se han instalado en edificios (iglesias, viviendas aisladas, casas abandonadas, graneros) que tuvieran acceso fácil a través de tejados, cubiertas o muros, y les proporcionaran tranquilidad para el reposo diurno y la cría. La renovación y restauración de muchos de estos edificios conlleva el cierre de huecos y aberturas, lo que imposibilita a las lechuzas seguir utilizándolos. De esta forma, las parejas tienen que buscar otro lugar donde vivir, donde posiblemente sean más vulnerables frente a predadores o frente al acoso humano.

 

La lechuza es uno de los mejores aliados del investigador que desea conocer la composición de la fauna de micromamíferos de una localidad. Es muy costoso estudiar este tipo de animales, pero la lechuza ejerce como involuntario ayudante en esta tarea, ya que regurgita los restos no digeribles de sus presas en forma de pequeñas bolas llamadas egagrópilas. Y éstas contienen cráneos y mandíbulas que pueden ser fácilmente identificados, de manera que la vía más rápida y eficaz para averiguar qué especies de ratones, topillos y musarañas viven en una localidad es buscar un posadero de lechuza, recoger sus egagrópilas y analizarlas.

 

La actividad comenzó por la mañana. El día amaneció gris, pero a pesar de ello un grupito de socios y socias del IAN se animaron y bicicleta en mano recorrimos variospueblos próximos a Vitoria, haciendo paradas en las iglesias para detectar habitantes no humanos. En primer lugar paramos en Yurre, donde pudimos observar que la iglesia estaba habitada al menos por el Cernícalo vulgar, del cual encontramos algunas egagrópilas. Una mujer del pueblo nos comentó que la lechuza también andaba por allí, aunque nosotros no encontramos ningún indicio en el exterior de la iglesia. Luego seguimos hasta Aranguiz, donde descubrimos una enorme iglesia con mucho encanto, con las paredes cubiertas de hiedra y multitud de recovecos para la fauna. Seguimosdirección Foronda y llegamos hasta la iglesia de Artaza de Foronda, donde encontramos un posadero de Lechuza y pudimos recoger varias egagrópilas; también observamos egagrópilas de Cernícalo vulgar. De esta manera pudimos comprobar las diferencias de tamaño, forma y tipo de contenido de cada egagrópila, lo que nos sirve para saber a que especie pertenece. Después de un merecido descanso volvimos a Vitoria, pedaleando mucho más rápido que a la ida debido a la lluvia que comenzaba a caer.

 

Por la tarde se realizó un taller para analizar las egagrópilas de la lechuza y aprendera identificar su contenido. En primer lugar se disgregaron en seco las egagrópila con ayuda de pinzas, separando las estructuras óseas de las presas consumidas. Posteriormente se seleccionaron los cráneos y mandíbulas de los micromamíferos, a través de los cuales pudimos ver las diferencias que existen, en especial en las piezas dentarias entre ratones, topillos y musarañas. Para ello se utilizaron lupasbinoculares y unas claves de determinación apropiadas. El contenido estaba compuesto principalmente de micromamíferos, pero también pudimos comprobar la presencia de aves depredadas.

 

Texto y fotos: Nerea Ruiz de Azua

Excursión ornitológica a las foces de Lumbier y Arbayún

El pasado 2 de octubre, una quincena de socios y simpatizantes del IAN efectuamos una visita a dos de las más conocidas “foces” del Prepirineo navarro, las de Lumbier y Arbayún, labradas por los ríos Irati y Salazar, respectivamente, al amparo de la Sierra de Leyre. “Foz” es la voz local que designa a los espectaculares desfiladeros fluviales, con acantilados calizos y caídas verticales de varios cientos de metros. Las foces constituyen uno de los rasgos más particulares del paisaje de esta comarca, hasta el punto de que en Lumbier existe un Centro de Interpretación dedicado a explicar al visitante el origen geológico y las manifestaciones de flora y fauna que albergan estos ambientes singulares, dominados por la roca, el agua y las fuertes pendientes.

El itinerario a través de la foz de Lumbier es accesible, corto (apenas 1,25 km de largo) y resulta francamente cómodo. Pero a pesar de la cantidad de personas que lo frecuentan, es posible realizar buenas observaciones de aves rupícolas. La especie más caracterizada es el buitre leonado, que encuentra en Navarra uno de sus principales bastiones ibéricos. Aunque estuvo amenazado en el pasado, la gran disponibilidad de comida procedente de la ganadería extensiva e intensiva, y el cese de la persecución de rapaces que se produjo a partir de los años 80, han permitido que hoy en día la silueta del buitre leonado surcando los cielos sea una estampa común en buena parte de la Península Ibérica (no así del resto de Europa meridional, donde resulta todavía muy escaso). Pudimos observar incluso un ejemplar marcado con una placa alar y código “FNX”, testigo de los programas de investigación que se han puesto en marcha al evidenciarse –paradójicamente- la falta de conocimientos científicos sobre la ecología de la especie.

La senda que discurre a media ladera por la foz de Arbayún es, por el contrario, muy poco transitada. Discurre en algunos tramos pegada a la roca, y no es recomendable para personas con vértigo. Pero a cambio, ofrece un panorama único en un entorno ciertamente salvaje, donde el visitante se siente un poco intruso. Por nuestra parte, nos deleitamos en los vuelos acrobáticos de las chovas piquirrojas y la observación, lejana pero majestuosa, de un águila real. Por desgracia no pudimos ver a la joya aviar de esta región, el escaso quebrantahuesos.

La salida se enmarcó en el “Día de las Aves”, evento anual que promueve Bird Life International con el objetivo de acercar la ornitología y los problemas de conservación de la biodiversidad a los ciudadanos en todo el mundo. Desde el IAN llevamos más de 15 años programando actividades asociadas a esta efeméride, procurando vincularla además a algún tema o campaña sobre conservación de aves o sus hábitats. En 2010 pretendimos relacionar la salida con las aves carroñeras (buitre leonado, alimoche, quebrantahuesos…), tan típicas de las foces navarras, a sabiendas de que SEO/Bird Life iba a declarar “Ave del Año” a una especie de este grupo. Pero curiosamente, la especie finalmente elegida como “Ave del Año” resultó ser el buitre negro, cuyas colonias más cercanas a nosotros se encuentran en el norte de Madrid. ¡A ver si el año próximo somos capaces de pronosticar con acierto la elección!

Texto y fotos: José María Fernández García

Una nueva localidad para el Nenúfar blanco en Álava

A finales de agosto, aún podían verse unas pocas flores de nenúfar

El pasado día 3 de agosto, en el curso de una serie de muestreos dirigidos al estudio de la fauna de odonatos del parque natural de Izki y su entorno, pude localizar una nueva población de nenúfar blanco Nymphaea alba, la segunda conocida en la actualidad en la Comunidad Autónoma Vasca.

Esta especie acuática de grandes hojas flotantes y vistosas flores blancas se extiende por Europa, el norte de África y Asia occidental. En la Comunidad Autónoma Vasca existen algunas citas antiguas en Álava y Vizcaya, pero en las últimas décadas la única localidad conocida era la laguna de Olandina, cerca de Vírgala, en la Montaña Alavesa.

A unos 900 m de esta laguna se localiza una pequeña charca que ocupa una profunda zanja excavada en mitad de una finca de cultivo. Con unas dimensiones de aproximadamente 30 x 2 m, se halla rodeada de un cerrado matorral en el que dominan las zarzas Rubus sp. y los cornejos Cornus sanguinea, con algunas manchas de espadañas Typha angustifolia en las orillas.

Cuando en agosto me asomé a este modesto humedal en busca de libélulas, cuál no sería mi sorpresa al descubrir la superficie del agua cubierta por un buen tapiz de nenúfares blancos. Tras ponerme en contacto con los botánicos del IAN Pedro Uribe-Echebarría y Pello Urrutia, éstos me confirmaron que se trataba de una población desconocida hasta ahora.

Imagen de la densa vegetación que bordea la charca

A pesar de su cercanía a Olandina, el hallazgo de esta nueva localidad reviste un especial interés para la conservación del nenúfar blanco. No en vano, la rareza y extrema localización de las poblaciones de esta planta ha motivado que se aconseje su inclusión en el Catálogo Vasco de Especies Amenazadas en la máxima categoría de amenaza: En peligro de extinción (Uribe Echebarría, 2008). La población de Olandina se halla en regresión, ya que hasta hace pocos años se extendía por las dos cubetas en las que se divide la laguna en época de estiaje, y hoy día ocupa solamente una de ellas, posiblemente como consecuencia de la acción de dos especies alóctonas presentes en la laguna: el cangrejo rojo Procambarus clarkii y la carpa Cyprinus carpio. En la nueva localidad descubierta no se han hallado especímenes de estos animales, lo que supone una buena noticia para su futuro.

Los pequeños y desconocidos humedales del diapiro de Maestu constituyen enclaves de gran singularidad en un entorno dominado por los campos de cultivo. A pesar de ello, no gozan de ningún tipo de protección y varios de ellos han sido rellenados en los últimos tiempos. El nenúfar blanco es sólo una muestra de los destacados valores naturales que albergan, y que deberían servir para concederles la consideración social que merecen y garantizar su conservación.

José Antonio Gainzarain

REFERENCIA

URIBE-ECHEBARRÍA, P. M. 2008. Informe técnico para la inclusión de la planta vascular Nymphaea alba L. en el Catálogo vasco de especies amenazadas. Informe inédito para el Servicio de Medio Ambiente y Biodiversidad de la Diputación Foral de Álava